Responder a la calle también en la calle

 

El Mundo, 23/02/2012

 

Luis María ANSON

 

Tras saquear las arcas de las haciendas nacional, autonómica y municipal; tras instalar en el paro a cerca de seis millones de personas; tras multiplicar el déficit y la deuda; tras despilfarrar los dineros públicos en subvencionar a las más pintorescas asociaciones afines; tras colocar a centenares de miles de parientes, amiguetes y paniaguados en las cuatro Administraciones y en las empresas públicas de insólita creación; tras alimentar el secesionismo de Cataluña y el País Vasco; tras estos y otros muchos despropósitos y aberraciones, la izquierda -un sector de la izquierda porque la mayoría es moderada y democrática- se dispone a descoyuntar la vida española tomando la calle. La caravana incesante de las manifestaciones y las violencias se ha puesto ya en marcha.

 

No era necesario hacer de profeta para anunciar la mala nueva. Somos varios los articulistas que hemos anticipado desde hace meses lo que ya ha empezado a ocurrir. Un sector radical de la izquierda no ha tolerado nunca la victoria democrática del centro derecha. Mariano Rajoy arrolló en las elecciones generales, triunfó en las autonómicas y se alzó con la victoria en la inmensa mayoría de los municipios de relieve. La respuesta de ese sector de la izquierda radicalizada es provocar el desorden, la violencia y el caos.

 

El Partido Popular ha combatido los despropósitos zapaterescos en las urnas. Eso es lo que otorga credibilidad y autoridad al presidente del Gobierno. Pero desde la plataforma de un poder democráticamente conquistado, Mariano Rajoy puede y debe dar respuesta a la calle en la calle. En la oposición, el presidente del PP demostró capacidad para movilizar al sector nacional que representa y lo hizo a través de manifestaciones de todo tipo, algunas gigantescas. La calle no es de la izquierda. Es de todos. Y el Partido Popular tiene fuerza para responder a las algaradas de un sector de la izquierda con manifestaciones ordenadas y sin violencia. Sería absurdo regalar la calle a la izquierda radical que se agita para fracturar el orden social reinante. Además de derrotar a la izquierda en las urnas, Mariano Rajoy puede vencerla también en la calle.

 

Si el presidente popular derramara el dinero público sobre los sindicatos y ciertos grupos y grupúsculos del radicalismo izquierdista, las algaradas callejeras cesarían o se harían testimoniales. Pero, en plena crisis económica, no solo no existen recursos para untar a los rebeldes, es que no se debe gobernar bajo chantaje. Margareth Thatcher demostró que el centro derecha puede enfrentarse a los excesos sindicales y a la extrema izquierda. Lidió con ambas manos al cornúpeta marrajo y lo estoqueó al volapié en el centro del ruedo británico. Por tal razón ha pasado a la Historia. Y ese es el camino para Mariano Rajoy. Camino -el del triunfo de la moderación también en la calle- arisco y conflictivo pero que, una vez transitado, despejará los horizontes de la prosperidad al entero pueblo español.

 

Sin pasteleos, sin trapisonderías, sin concesiones ni merengosidades, el nuevo Gobierno dispone de autoridad democrática suficiente para impedir el triunfo de la algarada y la violencia. Tras la victoria en las urnas, Rajoy puede vencer también en la calle, por mucho que algunos canales de televisión se dediquen a manipular la realidad para certificar el caos. ¿Qué pasaría, en fin, si el Partido Popular responde al desafío de Toxo y Méndez y convoca una jornada de manifestaciones contra los abusos de los sindicatos?