El hundimiento socialista ¿Cómo hemos caído tan bajo?


ABC, 22/01/2012

José García Abad

 

Rubalcaba jugó sus cartas con habilidad y energía. Desde hacía treinta años había estado siempre plenamente disponible para el partido y estaba dispuesto a prestarle este último servicio. Ello representaba entregarse plenamente a la tarea y asumir el riesgo de quemarse en el intento. «Así que tonterías y frivolidades, las justas», confesó a un amigo de toda la vida con quien he tenido la oportunidad de charlar. Zapatero había aceptado con reticencia que Rubalcaba fuera candidato y cambió de opinión en el último momento en beneficio de Carme Chacón. El cántabro le hizo notar que si se presentaba la catalana, y por tanto había que convocar primarias, él no participaría.

 

Los dirigentes con los que he hablado califican a Carme como «una chica valiosa y prometedora», pero a la que aún le «falta un hervor». Estimaban todos ellos, dicho con más o menos circunspección, que la catalana no sería capaz de animar a la parroquia y «ponerles las pilas». El cántabro comenta la situación con el lendakari Patxi López, con el consejero del Interior del País Vasco, Rodolfo Ares, y con otros secretarios generales adictos, y coincidieron en que el siguiente movimiento consistiría en pedir un congreso extraordinario que pusiera las cartas boca arriba. Zapatero retrocedió ante semejante «amenaza» de desplazarle de la secretaría general antes de abandonar La Moncloa.

 

Que el cántabro fuera la mejor posibilidad muestra el fracaso del relevo generacional, la imagen de marca de Zapatero. En el socialismo español, como en la Cuba de los Castro, los viejos dirigentes no han encontrado jóvenes en condiciones de sucederlos. En el primer momento, y en el último, Zapatero apostó por Chacón, crecida a sus pechos, pero en plena combustión de su persona tuvo que valerse del veterano bombero. El cántabro fue el último recurso del partido antes de abrirse las venas. Si el leonés actuó como si fuera el Mesías prometido, el hombre de Solares asume el menester del buen samaritano: curar heridas y animar al enfermo. [...]

 

Se había producido una extraña bicefalia entre el presidente y todavía secretario general y el candidato. Zapatero se venga de la marginación a la que le somete su delfín tomando las decisiones de Gobierno que estima oportunas y que a veces perjudican a éste. Las navajas vuelan con inusitado furor entre La Moncloa y Ferraz, dentro de Ferraz y entre Ferraz, las federaciones regionales y el grupo parlamentario. El PSOE no se rompe fácilmente, pero aparece dividido. [...]

 

Alfredo y «El Ruso»

 

Para pergeñar un retrato de la personalidad de Rubalcaba que muestre algún parecido con la realidad hay que trabajar duro y pacientemente; es preciso extraer y filtrar toneladas de arena para obtener unas pepitas de oro. Para cobrarlas he mantenido largas conversaciones con quienes mejor le conocen. A mi sencilla pregunta de cómo es en realidad Alfredo, respondieron los interrogados con un esquema perfectamente previsible: inteligente, comunicador persuasivo, competente, discreto, amable, encantador, rápido de mente y veloz en la acción, negociador inmejorable, buena persona y buen amigo... Fueron menos los que me expresaron, de entrada, algunos borrones: «va a lo suyo», «intrigante», «falso», «perito en malas artes», «ha traicionado a todo el mundo», oportunista, superficial y, en definitiva, una persona de la que no te puedes fiar. Un compañero suyo de Gobierno aludía a un pareado que corría entre la parroquia socialista: «El malvado Rubalcaba, si te da la mano, te la clava».

 

Su cuñado está convencido de que no es un hombre que haya estado planificando su carrera a la presidencia desde el principio de los tiempos. «Eso es lo único por lo que pondría la mano en el fuego —asegura—. Puede ser esas cosas que dicen de la cintura y los regates en corto, pero es siempre leal con el adversario, es un ser entrañable y tierno». Rubalcaba no tiene más amigo, amigo verdadero, que Jaime Lissavetzky, a quien sus correligionarios se refieren como “El Ruso”, pues, como me explicaba Enrique Barón, el apellido es polaco, pero es mucho pedir a la gente de este partido que distinga entre rusos y polacos». El «comando Rubalcaba» está constituido por una sola persona: Alfredo Pérez Rubalcaba. Él es el comandante y toda su tropa. Nadie más le ha seguido a lo largo de su itinerario en la Administración pública y en el partido: en el Ministerio de Educación, en la portavocía del Ejecutivo, en el Ministerio de la Presidencia, en el del Interior, en la vicepresidencia del Gobierno o como portavoz del Grupo Parlamentario socialista. [...]

 

Un informadísimo politólogo que prefiere no dar su nombre, amigo de Rubalcaba y muy atento al acontecer político, tiene su propia versión: «No tiene equipo ni lo ha tenido nunca. En el pasado contó con Álvaro Marchesi y Asís de Blas, que fueron marianistas durante pocos años, pero ellos tienen su vida y además son mayores que Alfredo. Álvaro Marchesi tendrá ya sesenta y cuatro años, es el secretario general de la Oficina de Educación Iberoamericana desde hace tiempo; trabajó para Alfredo muchos años, pero no es un político, es un catedrático de psicología del aprendizaje. Asís lo es un poco más. Ahora es profesor en la Complutense, de psicología, y se acaba de jubilar. Con Joaquín Arango nunca se ha llevado bien, ha chocado siempre». [...]

 

Salvo en contadas ocasiones, no se ha creado enemigos dentro de su formación, donde el compañero es un lobo para el compañero. Al biógrafo no le queda ni ese recurso, el de acudir a los doloridos para obtener sabrosos comentarios piadosos. Eso de no generar apenas enemigos internos, ni grandes ni pequeños, es aún más rentable en la carrera política que granjearse amigos influyentes. Una de esas contadas excepciones es Miguel Barroso, un brujo de la imagen casado con la ministra de Defensa, Carme Chacón, un inquietante personaje que había gozado de la amistad del pasiego mucho tiempo atrás, en los tiempos en que ambos trabajaban a la vera de José María Maravall en el Ministerio de Educación.

 

En mis conversaciones con los capitanes socialistas ha surgido el espectro de UCD. Sin embargo, hay en el PSOE mucho «patriotismo de partido». Juan Barranco, que entiende que el 22-M representó el peor momento para su partido, resaltaba sin embargo: «Pero al menos no nos hemos tirado los trastos a la cabeza los unos a los otros, como pasó en UCD». Manuel Pérez Yruela, jienense, director del Instituto de Estudios Sociales Avanzados, dependiente del CSIC, que fue portavoz del Gobierno andaluz, no considera imposible una crisis seria del partido socialista que pueda durar tiempo. Hoy día hay una probabilidad significativa de que eso pueda pasar. «No creo que, como algunos vaticinan porque así lo querrían, esto vaya a terminar en que el PSOE entre en la irrelevancia. Pero no va a ser fácil remontar Si el PP gana las elecciones en Andalucía, la crisis del PSOE se agravará aún más». Sin embargo, son más los que me han citado la frase de Corneille, falsamente atribuida al Tenorio de Zorrilla: «Los muertos que vos matasteis gozan de buena salud». José Bono niega que exista riesgo de extinción. «Yo creo que no, de extinción no —estima—. No estamos en la uvi, pero no se nos puede dar el alta hospitalaria».

 

También predomina la idea de que Felipe González hará todo lo posible para que el partido que él refundó no se hunda en la miseria. «Felipe —me comenta Bono— es de esos personajes que rompen el molde cada cierto tiempo y que a lo mejor tenemos dos o tres en el siglo. Es extremadamente valioso y capaz, y tiene mucha fuerza todavía. Digo todavía porque a medida que pasa el tiempo lógicamente todo se va diluyendo, olvidando, fosilizando, pero Felipe González tiene una gran capacidad de influencia en el electorado socialista y en el partido, y yo creo que él ahora debería ayudar al partido. La pasada semana —nuestra conversación tuvo lugar en noviembre— cené con él y le vi preocupado, y se ocupará de que el partido no deje de ser importante».

 

La espalda a los jóvenes

 

El profesor de Comunicación Política Ignacio Urquizu, que colabora en la realización de una encuesta cada semana para el PSOE, ha estudiado el fenómeno a fondo. «La derecha —asegura— está ahora entre los mayores de sesenta y cinco años y los menores de treinta. Los abuelos se parecen a los nietos. Los jóvenes se sienten liberales en un sentido nuevo, ni socialistas ni conservadores. En el 2004 las elecciones se ganaron en parte por los jóvenes. Pero ni los jóvenes de ahora ni los que tenían dieciocho años en 2000 están en eso. Si la gente que te hizo ganar las elecciones ya no existe, tienes un problema». Un miembro de la ejecutiva se lamenta: «Nadie sabe dónde están las Juventudes Socialistas. Si estuvieran vivas, si tuvieran el nervio de otros tiempos, estarían con los del 15-M en la Puerta del Sol. Nuestras Juventudes son ahora una entelequia».

 

El diputado vasco Josu Montalbán se expresa con severidad. Constata que el PSOE está apesadumbrado, desesperado; los militantes no se atreven a decir que lo son. Estima que está roto por las derrotas y por la dinámica del partido, que durante los últimos años ha retirado a gente muy valiosa, ha generado fobias y gente enrabietada. «No ocurrirá como con UCD, pues aquélla fue una formación coyuntural —añade Montalbán—, pero tenemos un serio problema de liderazgo. ¿Quién hay en el horizonte? Ninguna figura emergente. Carme Chacón, tan súbdita de Zapatero, no daría la talla. Bono es valiente, pero no le veo de dirigente máximo, ni le ve mucha gente del partido, ni la mayoría de los diputados socialistas. Tomas Gómez es un líder que no sale de Madrid, ya no lo es en Segovia.

 

No se ve a nadie con autoridad. Han caído hasta los que estaban en la reserva: como Fernández Vara y Barreda. Los viejos son demasiado viejos para organizar el partido y para representarlo. Han convertido un árbol grande en un bonsái. Antes tenía diez o doce que eran auténticos gurús. Eso ya no existe». [...]