Los libros de texto en la enseñanza obligatoria

 

Indalecio Díaz Martínez, 03/10/2011

 

A partir de este momento, siempre que me refiera al libro de texto se entenderá como una forma de material curricular utilizado en el proceso de enseñanza para el aprendizaje de una materia de cada curso, de acuerdo con los contenidos fijados por las autoridades educativas. Estos contenidos deberán estar agrupados en unidades temáticas, pudiendo tener formato impreso o digital.

 

Aunque resulta para todos claro qué es un libro de texto impreso, queda menos claro lo que puede ser un libro de texto digital. Por ello es necesario en este momento entender por tal cualquier aplicación de software que sirva para transmitir la información off-line, por ejemplo en un DVD, u on-line a través de internet, mediante cualquier tipo de dispositivo de hardware.

 

Según Noles y Garland, cuando se compara el formato digital con el impreso, la gente muestra un mayor afecto y predilección por el empleo de los libros y además tiene mayores expectativas de aprendizaje y credibilidad que la proporcionada por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC o TICs).

 

Incluso dichos autores llegan a correlacionar en sentido positivo el uso de los libros de texto tradicionales con el rendimiento escolar de los alumnos en las pruebas de la Selectividad, llegando a la conclusión de que a mayor gasto en libros de texto, mayor rendimiento académico. Cuantifican los resultados para los alumnos británicos en 15,22 € de inversión en libros para incrementar un punto su calificación, mientras que para obtener el mismo resultado la inversión deberá ser de 56,19 €.

 

Dicho lo anterior, dentro de una amplia reforma educativa que yo propongo, si es necesario modificando la Constitución, considero necesario replantear el tratamiento que se le está dando al libro de texto en la enseñanza obligatoria, tanto en sus formatos, como en sus contenidos y sobre todo en su financiación. Todo ello porque es necesario adaptarse al momento en que vivimos, muy lejos de los tiempo de Gütemberg, pero sobre todo pensando que en los mementos actuales de crisis económica es indispensable buscar una salida a la financiación total de los libros de texto por el Estado, sin echar esta pesada carga sobre unas familias con recursos mermados.

 

El libro de texto es uno más de los medios educativos utilizados por el profesor para transmitir los conocimientos a los alumnos, como lo es la tiza, el encerado, los libros de lectura, el ordenador o los instrumentos del laboratorio. En consecuencia, el libro de texto deberá tener la consideración de material educativo de Centro, en cualquiera de sus formatos.

 

Corresponde por tanto a la Administración poner a disposición del profesor todos los materiales educativos que le son indispensables para realizar adecuadamente su labor docente, entre los que se encuentran los libros de texto tradicionales y los derechos de uso del software educativo off-line u on-line destinado al alumno.

 

El libro de texto impreso podrá ser sustituido por el libro en formato digital off-line u on-line, a condición de que tanto el centro como las familias dispongan del ordenador o dispositivo adecuado para su uso. Dicho libros podrán ser utilizados por el alumno, tanto en clase como en su domicilio, siempre que el profesor lo considere necesario o conveniente.

 

Es obligación de los padres la adquisición de los materiales educativos de consumo del alumno, tal como cuadernos de ejercicios, bolígrafos, DVDs vírgenes, pendrives, etc.

 

Dicho lo anterior, es necesario que el Gobierno modifique la actual legislación de tal manera que en los centros educativos que impartan enseñanza obligatoria en cualquier comunidad autónoma, dispongan de libros de texto para el uso por la totalidad de los alumnos. Igualmente determinarán cual es el material mínimo que dispondrán los alumnos y cuya compra corresponde a los padres.

 

Los libros de texto, en cualquiera de sus formatos, deberán tener contenidos comunes para todas las comunidades y estarán escritos en alguno de los idiomas oficiales de España o en inglés (los libros de lengua estarán en su idioma) y deberán ser aprobados por el Ministerio de Educación. Dichos libros serán adquiridos con cargo a los presupuestos del Ministerio de Educación.

 

Cada comunidad autónoma con lengua propia ejercerá las competencias correspondientes al Ministerio en lo que se refiere a la asignatura de su lengua y, si lo considera necesario aprobará los textos suplementarios a los del Ministerio de Literatura Española, Geografía e Historia que recojan las peculiaridades propias de su territorio, todo ello con cargo a su presupuesto.

 

Cada centro tendrá libertad total para la elección de los textos escolares dentro de los que hayan sido aprobados por el Ministerio y las CCAA. Corresponde al Consejo Escolar de cada centro aprobar la relación de libros de texto que le haya sido propuesta por el Claustro de Profesores.

 

Los centros no podrán cambiar de libro de texto hasta que hayan transcurrido al menos 5 años desde que se haya adoptado y en todo caso la sustitución se realizará paulatinamente curso a curso comenzando por el más bajo. Las editoriales deberán responsabilizarse ante el Ministerio y las comunidades de la reposición de los libros deteriorados con cargo a cada centro, aún en el caso de que ese centro esté en proceso de sustitución de sus libros.

 

Los libros de texto impresos tendrán no sólo buena calidad educativa, sino también una calidad de papel y encuadernación que permita ser utilizada por los alumnos durante 5 cursos consecutivos.

 

Los libros de texto impresos no podrán contener ejercicios ni problemas para su resolución por los alumnos en el mismo libro. Todo el material impreso que proponga la resolución de ejercicios y problemas en el mismo, tendrá la consideración de libro de ejercicios y por tanto material del alumno. Dicho material será adquirido por los padres en las librerías.

 

El Ministerio de Educación adquirirá los libros de texto en cualquiera de los formatos elegidos por los centros directamente de las editoriales, quienes se responsabilizarán de ponerlos a disposición de los centros antes del comienzo del curso.

 

Al inicio de cada curso se entregará a cada alumno un lote de libros de texto en el formato dispueto, para su utilización tanto en clase como en casa. Dicho material deberán ser devuelto al final de curso en perfecto estado de conservación. Cuando un alumno devuelva un libro o soporte informático parcial o totalmente deteriorado, se responsabilizará a los padres de tal deterioro y en consecuencia se les impondrá la obligación de reparar el daño causado, imponiéndoles una tasa de reposición parcial o total. Con el importe de dichas tasas los centros mantendrán los libros actualizados y en buen estado.

 

 

Es de esperar que paulatinamente, tanto los centros como las familias vayan disponiendo de ordenadores u otros dispositivos digitales capaces de permitir el uso de las nuevas tecnologías. Antes de que llegue ese momento debe estar elaborada la legislación adecuada para que las editoriales e incluso los fabricantes de hardware presenten software educativo en soporte digital u on-line, para su aprobación como e-books de texto. Estas serán algunas de sus ventajas:

  • Mayor innovación de metodología y contenidos
  • Abaratamiento de costes de material y transporte
  • Distribución directa e inmediata
  • Actualización y corrección de los textos casi sin coste
  • Conservación del medio ambiente
  • Reducidos gastos de almacenamiento de stocks

He dejado para el final quizá lo más importante, el profesorado no está preparado, salvo raras excepciones para impartir clase utilizando las nuevas tecnologías. Y no lo está por muchas razones. Reseñaré algunas:

  • Falta de preparación durante los estudios para obtener el título
  • Influencia negativa de la edad del profesor en la puesta al día en las TICs.
  • Exigencia de una mayor dedicación para estar día
  • Falta de cursos de perfeccionamiento impartidos por profesores cualificados
  • Material obsoleto en muchos centros
  • Falta de material en muchos otros
  • No existen equipos de personas preparadas en los centros que impliquen a los demás
  • Utilización de la tecnología con mentalidad de encerado
  • No existen incentivos para los profesores implicados en las TICs
  • Es necesario cambiar la mentalidad del profesorado
  • El factor tiempo es muy importante

En resumen, es necesario convencer al profesorado que la actualización de los conocimientos en todas las profesiones es una obligación individual al margen de la jornada de trabajo. Sin embargo está muy extendida la idea de que los costes del perfeccionamiento tienen que correr a cargo de la administración, sin enterarse que en algunos países como Estados Unidos los profesores están obligados cada cinco o diez años presentar justificantes de haber realizado cursos de perfeccionamiento en la universidad, con matrículas a su cargo, si quieren permanecer en la carrera docente.

 

Todavía existen muchos profesores en España que consideran que su jornada de trabajo termina cuando salen del centro, a no ser que tengan exámenes para corregir. Pero pocos son los que intentan estar al día, no sólo en nuevas tecnologías, sino en su área de conocimiento o en metodología.