Indalecio Díaz Martínez

 

Desde hace algún tiempo uno de los videos más vistos en youtube, por internautas de todo el mundo, es el que muestra la construcción y funcionamiento de uno de los motores de inyección de 12 cilindros, que con sus 12 c.c. es de los más pequeños del mundo.  

Se trata de un prototipo llamado V-12 que construyó en su propio taller un gallego jubilado nacido en Noya, José Manuel Herma Barreiro, de 71 años y de profesión mecánico naval. Desde hace 8 años que se jubiló ha dedicado todo su tiempo a la fabricación de 10 motores, siendo éste uno de los que le requirió mayor esfuerzo, debido a su pequeño tamaño.

 

Consta de 261 piezas que el mismo ha diseñado y fabricado con acero inoxidable, bronce y aluminio, ensambladas con 222 tornillos utilizando para ello más de 1.200 horas de trabajo. Su finalidad es puramente educativa, ya que su movimiento es producido con inyección de aire comprimido.

 

En este tiempo parece ser que fabricó también un motor de 16 cilindros y ahora dedica su tiempo a la construcción de uno de doble estrella de 10 cilindros, es decir un motor radial. A los 22 años construyó su primer motor diesel de 6 H.P. para un primo suyo con una invalidez que ganaba la vida pescando en la costa y que estuvo en funcionamiento más de 20 años.

 

Como el mismo dice, no pudo ir a la Universidad, ni le hizo falta para triunfar en la vida, pues como jefe de máquinas se sintió feliz y lo sigue siendo de tal manera que repetiría, si pudiese, todo lo que ha vivido.

 

El el siguiente video puede verse el proceso de fabricación, montaje y funcionamiento de dicho motor:

Esta es una prueba fehaciente de que la formación profesional, no sólo puede ser la mejor manera de incorporarse al mundo laboral, sino también una manera satisfactoria de autorrealización de la persona, como ha ocurrido en el caso de éste mecánico naval.

 

Existe en nuestra sociedad la convicción de que sólo la Universidad puede formar técnicos capaces de crear e innovar, olvidando que a menudo son los países que dedican todo su esfuerzo educativo a la formación profesional, aquellos que alcanzan mayores cotas de desarrollo industrial. Una prueba de ello puede ser el caso alemán, donde la Universidad queda reservada para las personas con altas capacidades intelectuales y el resto de la población tiene acceso a una formación profesional de calidad.

 

El potencial de los titulados universitarios de un país no debe medirse por su número, sino por la calidad de la formación de sus titulados. En los últimos treinta años hemos visto como se han creado en España decenas de universidades con decenas de facultades que han expedido títulos a centenares de miles de conciudadanos de las más variopintas ramas del saber. Pero de ese millón aproximado de titulados superiores, sólo una pequeña parte ha tenido ocasión de ejercer la profesión para la que se ha formado.

 

Los estudios universitarios tienen un alto coste tanto para el Estado como para las familias, además de suponer un largo periodo de dedicación al estudio sin remuneración y sin productividad. Cuando ese universitario alcanza su título y con ello puede ejercer la profesión, todo esfuerzo ha valido la pena. Pero cuando un Estado como el español tiene a toda su juventud primero en la Universidad y después en el paro por no existir expectativas de colocación para la mayoría de los estudios cursados, hay un doble fracaso, el de la persona y el de la sociedad.

 

Un país no se puede permitir expedir cada año diez o quince veces más títulos de abogado, arquitecto, periodista, lingüista, filósofo, historiador, etc. de los que ese mismo año van a dejar la profesión por jubilación. Y eso es lo que está pasando en este país. La gran mayoría de los titulados universitarios que salen cada año de nuestras universisdades nunca tendrá ocasión de ejercer la profesión para la que fueron habilitados.

 

Cualquier persona rinde más y se siente más satisfecha con su trabajo y retribución si ejerce una profesión acorde con su formación. Por el contrario nada hay peor para la satisfacción personal y retributiva que estar desempeñando una función que uno considera inferior a la de su formación.

 

Por todo lo anterior España debe plantearse en serio la restructuración de su sistema educativo, primando la formación profesional sobre la Universidad. Es necesario realizar campañas de sensibilización de la población sobre las ventajas de los estudios profesionales y los inconvenientes de un inadecuado número de estudiantes universitarios.

 

Al mismo tiempo es indispensable crear centros de formación profesional, públicos y privados, donde se adquiera esta formación con un nivel de calidad acorde con el mundo del trabajo. En estos centros se impartirán las enseñanzas regladas a la juventud y en ellos se impartirán cursos permanentes de formación y actualización de los empleados de las empresas que lo soliciten.

 

Estos mismos centros deben dedicarse a impartir curos de formación obligatoria para todos aquellos trabajadores que se encuentren en paro y cuya asistencia será condición para tener derecho a disfrutar del seguro de paro.

 

Ha llegado el momento de que la administración se responsabilice de la formación de sus desempleados. No podemos seguir un momento más gastando el dinero que no tenemos en financiar a los sindicatos, como hasta ahora, encargándole la impartición de cursos de formación innecesarios e inadecuados por profesorado no siempre cualificado y sin medios materiales dónde desarrollarlos. Ya está bien de impartir a los parados cursos de música, de internet, programación, carpintería, cerrajería, fontanería, albañilería, etc. a hombres y mujeres que saben de antemano que no están dispuestos a ejercer esa profesión o no existen necesidades de estos profesionales.