¿Es progresista suprimir los deberes para casa?

 

Indalecio Díaz Martínez, 04/04/2012

 

Es noticia estos días que la Federación de Consejos de Padres de Alumnos de Francia (FCPE) ha convocado una huelga de 15 días, durante los cuales los padres se negarán a que sus hijos realicen los deberes escolares propuestos por los profesores para realizar en casa. Como buenos imitadores que somos en este país, y para parecer más progresistas, la Confederación Española de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) estudia extrapolar dicho acuerdo a España, al considerar que también aquí se está produciendo una sobrecarga excesiva en el número de ejercicios propuestos a los alumnos para realizar en casa.

Datos de Navarra
Datos de Navarra

 

Considera la CEAPA que la sobrecarga de deberes supone en gran medida un fracaso del sistema educativo, ya que todo el proceso de enseñanza y aprendizaje se debe desarrollar en la escuela dentro del horario escolar. Al mismo tiempo aseguran que la actual enseñanza en el aula es “poco motivadora, poco práctica y alejada de la cultura audiovisual en la que ha crecido, que sigue fundamentándose en el libro de texto y en el aprendizaje memorístico". Continúan diciendo que el exceso de deberes provoca "desigualdades sociales". Además considera que los deberes crean "tensiones" entre padres e hijos constituyendo "un problema" para aquellos padres que salen tarde del trabajo y no disponen de tiempo para ayudar a sus hijos en sus deberes.

 

Por el contrario la Confederación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos y Padres de Familia (CONCAPA), que agrupa principalmente el sector de colegios concertados y privados, se opone radicalmente a la huelga de deberes escolares en casa convocada en Francia, pues dicha medida contribuiría a aumentar «el fracaso escolar», ya que según esta asociación, los deberes en casa «ayudan a crear un hábito de trabajo, de orden y superación, en el que la familia debe implicarse, estimulando el aprendizaje junto con el colegio», pues aunque «conllevan disciplina y esfuerzo» sin embargo «aportan a nuestros hijos un valor pedagógico incuestionable como aprender a ser responsables diariamente, cumpliendo sus tareas y reforzando su capacidad de razonamiento y memoria, contando además con la ayuda de la biblioteca universal que es hoy internet». Piensan que puede cuestionarse si la carga de trabajo que conllevan los deberes es o no excesiva, pero su supresión es «una gran irresponsabilidad que perjudicaría gravemente la formación de nuestros hijos».

 

Partiendo de la opinión de las asociaciones. Lo primero que debemos es conocer el sustento legal de los deberes para casa en el ordenamiento jurídico español. Para ello debemos recurrir al Estatuto de Centros Escolares aprobado en desarrollo de la Ley Orgánica 5/1980. En él se establece que durante el período preescolar y los dos primeros cursos de escolaridad obligatoria, las tareas para realizar fuera de las horas de clase quedan totalmente suprimidas. A partir de tercer curso de educación primaria se podrán encomendar tareas en el hogar con un aumento progresivo según la edad de los escolares, procurando, no obstante, que en ningún caso se vean los niños precisados de emplear en las mismas el tiempo de que disponen para juegos, diversiones y convivencia en el seno del hogar, ni disminuir las horas de descanso.

 

Atendiendo a lo anterior, y teniendo en cuenta que la costumbre o práctica habitual en la mayoría de los centros es fuente normativa en defecto de norma jurídica, es necesario concluir que las tareas para casa, en aquellos centros que así lo tienen establecido en sus proyectos educativos, son totalmente legales, y en cualquier caso lo que no está prohibido está tácitamente permitido, siempre que no exista abuso de la norma.

 

Dicho lo anterior cabe ahora fijar un criterio sobre la necesidad o no de los deberes para clase, el tipo de los mismos, la cantidad, el tiempo necesario, la participación de la familia, etc. Para ello voy a partir de una afirmación previa: Los alumnos permanecen anualmente dentro del aula menos del 10% de las horas que tiene un año. ¿Alguien puede pensar que los profesores pueden ser los únicos responsables de la educación de los jóvenes, cuando por cada hora que permanecen con el profesor están nueve horas a cargo de la familia? Desde luego que no. Pero una cosa es la responsabilidad educativa y otra la responsabilidad familiar de colaborar con las instituciones educativas en sus deberes como padres.

 

Esta colaboración que se les pide a las familias es que colaboren con las instituciones educativas, en la medida de sus posibilidades, fomentando la responsabilidad de los hijos en su formación y no asumirla por ellos.

 

Todos sabemos que Finlandia es el país europeo cuyo modelo educativo y resultados son anhelados por los demás países. En dicho país se planteó en su momento reducir al mínimo los trabajos en casa, pero la primera medida que se tomó fue dejar en la enseñanza primaria exclusivamente las materias instrumentales o fundamentales. Por el contario en España hemos visto como en los últimos años hemos pasado de tener clase casi diaria de Lengua Española y Matemáticas, a tener que dejar espacio para las lenguas vernáculas, la música, la educación física con horarios detraídos de aquellas.

 

Es necesario comprender que cinco horas de clase son insuficientes para distribuir entre tantas materias como actualmente se imparten en los centros. De ahí la necesidad de completarlas con los trabajos fuera de clase. Otra cosa distinta son aquellos centros privados que tienen clases de recuperación o complementarias.

 

Por ello sería conveniente que el Gobierno fijase un horario máximo recomendable que los jóvenes no debieran sobrepasar destinado al conjunto a todas las actividades escolares, extraescolares, deberes en casa, deportes, transporte escolar, de manera que permitiese a éstos tener tiempo suficiente para el juego, el entretenimiento, el trato con sus amigos, la alimentación y el descanso. Y digo esto, porque muchos de los padres que se niegan a que sus hijos tengan tarea escolar en casa, tienen a sus hijos agobiados con actividades extraescolares que a menudo nada aportan a su completa formación y desarrollo, sino que simplemente sirven para no tener que aguantarlos en sus casas.

 

Dicho lo anterior, una dedicación de media hora a completar los trabajos de clase en casa en los tres primeros cursos de primaria; una hora en los 3 últimos cursos de primaria; entre hora y media y dos horas en la enseñanza secundaria obligatoria; y entre dos horas y dos horas y media en bachillerato, es una condición necesaria para que la gran mayoría de los alumnos afiancen los conocimientos adquiridos en el aula y así evitar las altas tasas de fracaso y abandono escolar. Una de las causas del abandono escolar en España es el fracaso y el absentismo escolar, y en parte estos están motivados por una insuficiente dedicación al estudio en casa.

 

Ahora es necesario detenernos un poco a estudiar por qué los padres se quejan de las tareas en casa, cuando son tareas de sus hijos. Mientras los alumnos eran hijos de padres que no habían cursado otros estudios más allá de la obtención del Certificado de Estudios Primarios, eran los padres los primeros en exigir tareas para que las realizaran los hijos en casa.

 

El problema surge cuando los padres tuvieron a acceso a otro tipo de estudios. En ese momento se consideraron profesores de sus hijos y como tales se sintieron en la necesidad de corresponsabilizarse de la enseñanza de sus hijos y no tan sólo del seguimiento, apoyo y control de trabajo que los alumnos estaban obligados a realizar en casa. Desde ese mismo momento surgen los problemas. Una cosa es que los padres exijan que su hijo vaya al colegio con los deberes bien o mal hechos y otra muy distinta es que ellos se responsabilicen de su ejecución y corrección, cosa que no les corresponde. Ese es el error. Los padres deben ejercer de padres y no de profesores de sus hijos, pues ese no es su cometido por mucha formación científica o didáctica que tengan.

 

Cuando a un alumno se le envía trabajo a casa, no se le exige que lo traiga corregido. Se le pide que lo traiga hecho bien o mal. En mis largos años en la enseñanza he puesto mucho trabajo a mis alumnos. Nunca puse nota al trabajo desarrollado en casa. Siempre preferí que un alumno trajese un ejercicio sin hacer o mal hecho, a que sus padres les ayudasen a hacerlos. Mi experiencia me dice que aquellos alumnos a los que a menudo sus madres les ayudaron a realizar los ejercicios, nunca fueron buenos estudiantes. El aprendizaje necesitan de un juego de aciertos y errores, pero las madres, sobre todo, no permiten que sus hijos cometan errores. Los deberes deben ser corregidos por los propios alumnos bajo la supervisión del profesor.

 

Una imagen que no debería repetirse
Una imagen que no debería repetirse

Y ahora vienen unos cuantos consejos:

  • Ayudar a un hijo con los deberes y tareas escolares no es lo mismo que sentarse con él para hacerlos.
  • Los padres deben conocer a cada uno de los profesores y saber cuánto tiempo consideran que debe dedicar el alumno en casa a su asignatura.
  • Los padres deben proporcionar a los alumnos un lugar de estudio bien iluminado, sin ruido y no cerrado por dentro, para que puedan comprobar ocasionalmente qué está haciendo el alumno.
  • Establecerle un horario fijo y consensuado de estudio que debe ser respetado, hasta convertirse en rutina, tenga o no trabajos de clase propuestos por los profesores, fijando en cualquier caso los periodos de descanso, alimentación y juego.
  • Establecer periodos de descanso obligado cada 45 minutos.
  • Asegurarse que el teléfono, la televisión y la música no son utilizados durante el periodo de estudio, así como el ordenador, excepto para la realización de los ejercicios que lo exijan.
  • Durante las horas de comida o descanso deben hablar con el hijo sobre sus estudios, sus profesores, sus exámenes, sus trabajos, la clase, etc. y elogie más su trabajo que sus calificaciones.
  • Es necesario preguntar cada dos o tres días si tiene los ejercicios hechos, pero no es necesario comprobarlo. Eso corresponde al profesor, con quien debemos estar en contacto para saberlo. Una supervisión familiar diaria es contraproducente.
  • No exigir a un hijo más de lo que sus capacidades le permiten, ni la perfección total.
  • Si alguna vez los padres ven las tareas realizadas, deben valorar aquello que está bien y no hacerles repetir una y otra vez los trabajos hasta que estén perfectos, sino invitarle a que la próxima vez ponga más cuidado.