El lenguaje sexista y la Real Academia de la Lengua


 

Indalecio Díaz Martínez, 05/03/2012

 

«Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional.»

 

El texto que acaba de leer no se trata de un trabalenguas, aunque lo parezca, se trata de un fragmento de la Constitución Bolivariana de Venezuela que cita Ignacio M. Roca en el Boletín de la Real Academia 11 Española (tomo 89, 2009, pág. 78).

 

Este escrito me trae a colación a dónde puede conducir un país un presidente visionario, como a mi modo de ver lo es Hugo Chaves, cuando intenta plasmar en sus mítines y leyes un extraño lenguaje que también empieza a extenderse por nuestro país y que yo no sabría qué nombre asignarle.

 

Sin llegar a tales extremos, durante la última década muchos políticos han caído en España el mismo error cuando se dirigen al público mediante un micrófono, aunque se avergonzarían de hacer lo mismo cuando hablan en familia o con sus amigos.

 

Estos mismos políticos, tan pronto tienen en sus manos ciertos cargos de responsabilidad, como parece que tienen resueltos todos los problemas que les afectan a los españoles, no tienen en menor empacho en convertirse en académicos de la lengua cuando redactan las conocidas “guías de lenguaje no sexista” entrando en franco enfrentamiento con los titulares de la Real Academia de la Lengua Española.

 

Es por ello que la RAE reunida en pleno acaba de aprobar un documento llamado “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer” elaborado por el académico Ignacio Bosque y suscrito por todos los académicos de crítica al nuevo lenguaje que se intenta imponerse conculcando aspectos gramaticales o léxicos y contraviniendo las normas de la Real Academia Española y la Asociación de Academias, sino también de varias gramáticas normativas, así como de numerosas guías de estilo elaboradas en los últimos años por muy diversos medios de comunicación.

 

Según la Real Academia, partiendo de ciertas premisas que son verdaderas, estas guías elaboradas por comunidades autónomas, asociaciones, sindicatos, etc. llegan a conclusiones totalmente falsas.

Partiendo del hecho cierto de que existe la discriminación hacia la mujer en nuestra sociedad y que se pone de manifiesto en las cifras anuales de violencia doméstica, en las situaciones de acoso sexual, en las diferencias salariales entre hombres y mujeres, en la existencia de comportamientos verbales sexistas, se llega a la conclusión que la mejor manera de evitarlo es con el establecimiento de cuotas de participación o cambiando el lenguaje, como si ésta fuera la solución.

 

Todos sabemos que los más enemigos de establecer cuotas para las mujeres en los cargos de responsabilidad son las propias mujeres. Y esto es así porque supone una injusticia tanto para el hombre como para la mujer o si se quiere todavía más para la mujer, puesto que de esta manera la mujer nunca sabe si la representación que ostenta es en cuanto a su valía personal o por el simple hecho de ser mujer.

 

 Pero es más, piénsese en una doctora universitaria de una especialidad con pocas titulares, de acuerdo con la normativa sobre paridad se verá obligada a estar en todos los tribunales de doctorado, oposiciones a cátedras y comisiones que se realicen en España, todo ello en menoscabo de la enseñanza, la investigación y su vida familiar.

 

El autor del estudio mantiene que existe un sexismo claro en Los directivos acudirán a la cena con sus mujeres pero de ninguna manera lo es o no es equiparable a esta otra Los trabajadores de la empresa, para aludir a trabajadores y trabajadoras.

 

Como la Lengua debe tener normas generales sería necesario aplicarla a los animales y así resultaría que tendríamos que hablar de perros y perras, gatos y gatas, lobos y lobas y así los demás, o es que los animales no tienen dignidad.

 

La conclusión de la Real Academia es que llevado al extremo, si se aplicaran las directrices propuestas en estas guías en sus términos más estrictos, no se podría hablar. Lo que supone que estas guías están pensando más en el lenguaje oficial escrito que en el lenguaje hablado.

 

Le sorprende a la Academia que “precisamente ahora que se trabaja para que el lenguaje de los textos jurídicos se acerque en alguna medida al español común, las propuestas para “visibilizar a la mujer” en el idioma parecen encaminarse en el sentido opuesto. Se trata, al parecer, de lograr que el lenguaje oficial se diferencie aún más del real. A los tan denostados eufemismos de los políticos y los economistas, que enmascaran o edulcoran, como sabemos, tantos aspectos de la realidad, parece que ha de agregarse ahora un nuevo código artificial, ajeno al lenguaje común, constituido por nuevos circunloquios, restringidos —como antes— al mundo oficial. A la vez, se acepta paradójicamente su propia artificiosidad al reconocer implícitamente que no tienen aplicación en la lengua de todos los días”.