Repique de campanas por las cajas de ahorro

xornal.com Diario de Galicia 16/01/2011

Lara Graña

 

En Alemania hay 446 cajas de ahorros. No se llaman cajas, sino sparkassen. Es una denominación algo menos atractiva –más germana–, pero indudablemente más eficiente. ¿Han leído que las sparkassen tengan que privatizarse? No han podido hacerlo porque estas entidades, que tienen más del 35% de la cuota de mercado en el sector financiero alemán, están igual de sanas que antes de la crisis. Que siempre. Las cajas alemanas no tienen participaciones empresariales, ni promociones inmobiliarias, ni emisiones de deuda. Según datos facilitados por la Sparkassenstiftung für internationale Kooperation (como la patronal del sector), sus objetivos son otros. A saber: prestar servicios a las pymes, “apoyar el desarrollo económico a nivel local”, “fomentar la cultura del ahorro” o prestar servicios financieros “para toda la población”. Más del 70% de las pequeñas y medianas empresas alemanas utilizan las cajas del país. Las 446 sparkassen que existen a día de hoy financian las actividades benéfico-sociales de 642 fundaciones.

 

Alemania, por cierto, es ese país que creció un 3,6% en 2010. La locomotora de Europa. El milagro económico de la eurozona.

 

¿Y qué pasa en España? Hasta hace pocos meses existían en el país 45 cajas de ahorros, número que se ha reducido hasta la quincena después de un rapidísimo proceso de integraciones. Solo Ibercaja y Unicaja aún no han dado ningún paso para integrarse en algún grupo de cajas.

Según coinciden todos los expertos, “las cajas quisieron ser bancos”. Una aspiración legítima y permitida durante años por un Banco de España que ahora se rasga las vestiduras y aprieta más y más la corbata en el gaznate de las entidades. Los excesos pasan factura. El caso es que los bancos también cometieron excesos, pero son entidades privadas que deben amañar sus problemas con la gestión de sus directivos y la confianza –o no– de sus accionistas.

 

Según la firma nipona Nomura, la necesidad de capital de las cajas asciende a 80.000 millones de euros, en gran medida aportados por Caja Madrid y su fusión fría (15.000 millones). La nueva Ley de Órganos Rectores de Cajas de Ahorros (Lorca) permite a las entidades la emisión de cuotas participativas con derechos políticos de hasta el 50% del capital. Una bancarización a medias que, según las fuentes consultadas, no sería suficiente para hacer una inyección de dinero tan grande. Según el mismo estudio, la nueva caja gallega, Novacaixagalicia (NCG) precisaría entre 3.000 y 4.500 millones más de capital para tener un Tier 1 del 8 o el 10%, respectivamente. Cuantía que, en el peor de los casos, supondría más del 8% de todo el Producto Interior Bruto (PIB) de Galicia.

 

El problema es sacar al mercado la mitad –o lo que sea– del capital de las cajas. Visto lo que ha sucedido durante las últimas semanas, son las cajas las que mayores incertidumbres causa en los mercados. Parece que los grandes inversores no comprenden la naturaleza jurídica de este tipo de entidades. ¿Invertirían los grandes fondos o cuantiosas fortunas en unas empresas financieras con tantas taras? ¿Acusadas de estar politizadas y de sufrir injerencias de comunidades autónomas? ¿Con una exposición al ladrillo que todavía no se conoce?

 

Estas preguntas podrían hacer obvia otra opción: la de que es necesaria la transformación en bancos. Sin medias tintas. Los inversores entienden a los bancos, la dinámica de los parqués... Para ello hay otra solución, también prevista en la Lorca. Esta no es otra que la creación de un banco, a iniciativa de las cajas, que canalice toda la parte financiera de esta entidad. Podría captar capital de los grandes inversores internacionales, como quiere el presidente del Gobierno, con accionistas que representen sus propios intereses y no los de entidades de carácter cultural o local. Es lo que, como se ha demostrado –para desgracia del sector–, que quieren los que poseen tanto dinero.

 

Pero, ¿llegaría con esto? ¿Es suficiente con que las más de quince cajas que hay a día de hoy operen a través de un banco? ¿Con qué rapidez habría que hacerlo teniendo en cuenta que el sector de bancos y cajas afronta vencimientos de capital por más de 90.000 millones este año 2011, 40.000 en el caso de las cajas de ahorros?

 

Desde el entorno de la nueva caja gallega, fuentes financieras consideran que no. Pese a que avisan que “nadie sabe nada de lo que puede pasar”, creen que “estamos leyendo constantemente los mensajes de los grandes fondos de inversión diciendo que el sector está sobredimensionado”. En su opinión, “aquí hay sed de más”.

 

Tanta hambre podría saciarse, como ya se ha dicho, reduciendo hasta la mínima expresión el número de empresas de crédito que operan en España. “El FMI siempre estuvo en contra de las cajas, anosotros no nos extraña nada”, apuntan desde Novacaixagalicia. Pero, si las cajas ya son bancos, ¿estaríamos hablando de un sistema financiero ya sin cajas de ahorros? Para encontrar un precedente cercano solo es necesario retrotraerse al caso de Italia, llevado a cabo entre los años 1990 y 1994. Allí había, también, decenas de cajas. El Ejecutivo del país decidió, hace 21 años, asestar el primer golpe a este tipo de empresas de crédito. La Ley Amato-Carli dictaminó que estas entidades debían escindirse en dos partes: una financiera y otra puramente social. No se mencionaba, eso sí, la entrada de capital privado ni derechos políticos de estas cuotas participativas. La intención era la de conseguir que las cajas accediesen más fácilmente al mercado de capitales y se hiciesen más grandes por la vía de expansión geográfica.

 

Esta norma podría valer para España, según las intenciones manifiestas de Zapatero, a excepción del aumento de la cota de mercado por la vía expansiva. Pero hubo un segundo paso en Italia, y llegó de mano de otra ley. Esta se conoce como Directiva Dini, de 1994, y sí que marcó un antes y un después en el sector. La privatización llamó a la puerta. En esencia, esta norma cercenó el poder de las fundaciones en las cajas –en la parte bancaria de las mismas–, que tenían prohibido cualquier negociado financiero. Se dio entrada al capital privado y se diversificó el riesgo asumido por la entidad.

 

HECHOS PRECIPITADOS

Pero lo que en Italia tardó cuatro años, en España podría suceder en pocos meses. Ya ni siquiera vale que el Banco de España avise, con meses de antelación, que en antes de finalizar enero divulgará la exposición real de las cajas en el sector inmobiliario y promotor. Por descontado, los test de estrés –que suspendieron cinco entidades españolas– no tienen credibilidad. Varias entidades financieras irlandesas aprobaron con nota, y el país fue rescatado igualmente por Europa por culpa de los graves problemas de su sistema del crédito.

Acabamos de terminar de contar la resolución de la fusión gallega. ¿Es un término que puede caducar en poco tiempo? ¿Tenemos que seguir hablando de la fusión en vez de de otra cosa? Y, en ese caso, ¿de qué? Solo se sabe que de más de 75.000 millones de euros en activos. Lo demás, nada.

 

Sea como fuere, parece que es algo compartido y que nadie sabe nada. No es casualidad, pese a todo, el cambio de liderazgo en la patronal de las cajas (CECA). Su presidente, Isidro Fainé, abrió la espita desvelando que la caja que preside, la renombrada La Caixa, podría convertirse en banco este mismo año. Su precedesor, el gallego Juan Ramón Quintás, probablemente se esté revolviendo en el sillón mientras observa lo que está sucediendo. España juega contra España. Las cajas han enterrado a las cajas. Galicia, pese a que muchos lo consideran periferia de Madrid (como Portugal de Bruselas), se juega su historia. Su riqueza, más de un centenario del ahorro de los gallegos. No por no hablar del tema pasará de largo.