Perspectivas de vida y consecuencias económicas


 

Indalecio Díaz Martínez, 23/04/2012

 

En el momento en que los países tienen que reajustar sus presupuestos como consecuencia de la crisis económica, a los ciudadanos que estábamos acostumbrados a un nivel de vida de acuerdo con las circunstancias del pasado, sea por encima o no de las posibilidades de cada uno, a menudo se nos escapa la idea de que no vivimos solos en el mundo y por ello es necesario compararnos, para bien y para mal con los congéneres de los restantes países.

 

Viene esto a cuento, porque en el último año los españoles hemos sufrido entre otros reajustes, la edad que se ha fijado para tener derecho a una pensión y recientemente un reajuste de las cuotas de participación directa en el pago de los medicamentos. Como es natural ambas decisiones políticas no pueden gustar para nada a los ciudadanos, porque de atar el cinturón se trata, sobre todo debido a que la hebilla está a punto de ocupar el último agujero. Sin embargo tenemos que convencernos de que es posible taladrar más agujeros en el cuero de cinturón y por tanto seguir ajustándolo más, ya que de lo contrario vamos a quedar con el culo al aire delante del resto de los ciudadanos europeos y ellos no nos van a subir los pantalones a cambio de nada. A lo sumo nos van a retirar el cinturón que nos habían prestado si no le devolvemos el importe del mismo o no le pagamos los intereses de su inversión.

 

Todo lo anterior ha sido necesario, pero estoy seguro que no suficiente, para hacer frente entre otros motivos a la prolongación en los últimos años de las perspectivas de vida de todos los ciudadanos. Del mismo modo que las hormigas trabajan con más intensidad acopiando alimentos para el invierno cuando ven que está a punto de terminarse el verano o en aquellos lugares donde éste es más corto, de la misma manera los ciudadanos tendrán que generar más reservas para su vejez si consideran que su vida puede ser larga o que dichas reservas pueden resultarle insuficientes.

 

Ésta responsabilidad que era individual en el pasado y que los sistemas de seguridad social parecieron convertir en una obligación del Estado, estamos viendo que va a tener que ser compartida entre el individuo y el Estado como consecuencia del aumento de las perspectivas de vida que tienen sobre todo los ciudadanos de los países desarrollados. El mundo ha cambiado mucho en sólo una generación, pero un gran cambio se avecina y no todos estamos preparados para soportar el shock del futuro y por ello deberemos irnos preparando.

 

En estos momentos se observa que la mayoría de los países están incrementando el número de horas semanales de trabajo, el número de horas de clase para los alumnos y profesores, las bases de cotización a la seguridad social, la participación directa en el pago de las prestaciones sanitarias y farmacéuticas, la edad mínima para tener derecho a una pensión, etc. Ello es consecuencia de muchas cosas, pero sobre todo de que vivimos en la llamada aldea global, donde nos comunicamos, compramos, cambiamos, vendemos, si es necesario a nuestros antípodas, con la misma facilidad que antes lo hacíamos en el mercado del barrio. Y de la misma manera que vendíamos las cebollas o comprábamos el pimentón al mismo precio que el vecino, hoy, en este mercado mundial bastan unas pulsaciones en el teclado de nuestro ordenador para comprar un aparato de la última tecnología o unas acciones de una empresa japonesa en Tokio o venderles una guitarra o una botella de un buen vino.

 

Es decir, compramos y vendemos en el mundo y para que ello sea posible los precios tienen que ser competitivos, las condiciones de trabajo equivalentes, los derechos y obligaciones muy similares, a no ser que nuestra tecnología sea superior, cosa que hoy por hoy no lo es.

 

Para comprender mejor la necesidad de adaptar nuestra legislación a las nuevas perspectivas de vida que tienen los ciudadanos voy a tratar de resumir y ordenar aquí los datos que acaba de hacer públicos la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat). Las mujeres y hombres que en el año 2010 contaban 65 años de edad en Francia y España, tenían la mayor esperanza de vida dentro de la Europa de los 27 (UE-27). Esta esperanza de vida se fijaba para España en 22,7 años para las mujeres y 18,6 años para los hombres, siendo en Francia de 23,4 y 18,9 años respectivamente.

 

Considerando como años de vida sana aquellos en los cuales no se sufren problemas de salud graves o moderados, que impidan a las personas mantener sus actividades habituales, no ocupan los primeros puestos ni Francia ni España en el ranking. Es Suecia con 15,5 años para las mujeres y 14,1 para los hombres quien marcha en cabeza.


Según los cuadros anteriores, son los países con mayor nivel de renta y en consecuencia con mejores protecciones sociales los que están por encima de la media, si bien parece que el frío debe tener alguna influencia en los años que se disfrutan de vida sana. Sólo Noruega, Suecia, Islandia, Luxemburgo, Suiza, Malta, Italia y Francia se encuentran entre los diez primeros en ambas tablas.

 

Por el contrario son Rumania, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Hungría, Croacia y Lituania los que se encuentran entre los diez últimos países con menos perspectivas de vida en dichas tablas.