Obsolescencia programada y sus consecuencias


Indalecio Díaz Martínez

05/01/2016

 

La obsolescencia programada u obsolescencia planificada es la decisión deliberada de programar la vida útil de un producto, determinando durante la fase de diseño el tiempo que estará funcional sin presentar problemas o reunirá las condiciones con las que fue puesto en el mercado.

Ya en 1932 Bernard London proponía aprobar una ley mediante la cual se obligase a la industria a fabricar los productos con fecha de caducidad, obligatoriamente reducida, para terminar con la Gran Depresión del 29. No obstante es en 1954 cuando el estadounidense Brooks Stevens utilizó este término por primera vez, como título de una conferencia en Minneapolis.

La obsolescencia programada es un delito de engaño y estafa, cometido con premeditación por el fabricante de un producto con el ánimo de garantizar mayores ventas al tener que reponer o reparar el consumidor dicho producto en un periodo de tiempo intencionadamente corto.

En principio parecería que esta técnica comercial estaría llamada al fracaso, porque el consumidor se daría pronto cuenta que habría sido engañado por el fabricante y adquiriría el siguiente producto de otra marca o fabricante, pero las cosas no han evolucionado de esa manera. Prueba de ello es lo que ha ocurrido con el primer caso de obsolescencia programada históricamente estudiada: la duración de las bombillas incandescentes con filamento de tungsteno.

Thomas Alva Edison había conseguido que una bombilla constituida por un filamento de algodón endurecido, alojado dentro de una ampolla de vidrio sellada al vacío, conectada a un generador eléctrico el 19 de octubre de 1879, permaneciese encendida más de 48 horas.

La calle Christie Street en Menlo Park, a 50 kilómetros de Manhattan, pasó a la historia no porque allí tuviese su taller Edison, sino por ser la primera calle iluminada con luz eléctrica cuyo encendido se produjo en el momento de iniciarse el Año Nuevo de 1879 a 1880, gracias al invento de ese joven de 32 años llamado Edison.

Meses más tarde, el 27 de enero de 1880, Edison registró la patente de su invento y comenzó a publicitarla sabiendo que dicha bombilla tendría un largo futuro, y prueba de ello es que con modificaciones llegó a nuestros días.

Aquella publicidad tenía como base su larga vida, 1.500 horas, y su bajo costo, puesto que promocionó la venta vendiéndolas poco después a mitad del precio del coste de fabricación.

Años más tarde, en 1924, fabricantes de todo el mundo habían conseguido fabricar filamentos de alta calidad y anunciaban bombillas con una duración de 2500 horas.

 

Nacimiento de la obsolescencia programada

En ese momento nace el primer cartel empresarial creador de la obsolescencia programada “PHOEBUS” que representa a todos los fabricantes de bombillas y que reunidos en Ginebra acuerdan en 1924 la necesidad de mantener un mercado equilibrado, donde el consumo de bombillas tenga cierta regularidad, siendo para ello necesario que las bombillas tengan una vida media de 1.000 horas.

En cumplimiento de lo anterior, un año más tarde se constituye en París el “Comité de las 1.000 horas” cuyo cometido es vigilar las patentes, inspeccionar que lo acordado se cumpla y establecer un sistema de sanciones para aquellas industrias que incumplan dicha normativa.

Un investigador alemán pudo localizar hace años documentos que acreditan el acuerdo a que llegó este Comité para el establecimiento de lo que fue la primera obsolescencia programada.

Copia del documento acreditativo del acuerdo
Copia del documento acreditativo del acuerdo

Para que la obsolescencia programada fuese posible no bastaba con el hecho de que un solo fabricante hubiese decidido llevarla a cabo, ya que de ello se beneficiarían los demás, terminando por tanto él en la ruina. Era necesario que todas las empresas del sector tomasen de manera coordinada tal acuerdo y lo pusiesen en práctica.

Así ocurrió en aquella ocasión y lo sigue siendo en la actualidad, con el visto bueno de las autoridades, en aras del desarrollo y del crecimiento por el crecimiento.

El público no fue consciente hasta los años 70 del siglo pasado de cómo pudiendo tener las bombillas una vida más larga, sin embargo no la tenían. Fue el descubrimiento en un parque de bomberos de California de una bombilla de 60W que había venido luciendo de manera casi ininterrumpida desde el año 1901.Esta bombilla fue recogida el año 2010 en el Libro Guinness de los Records como la bombilla más longeva.

Hoy, transcurridos 115 años, con 1.000.000 de horas de funcionamiento, dicha bombilla sigue luciendo de manera ininterrumpida y puede comprobarse en directo gracias a las cámaras conectadas a Internet. 

Se da la paradoja que en el poco tiempo que llevan funcionando dichas cámaras ya hayan tenido que ser reemplazadas tres veces.

Dicha bombilla se instaló desde un principio en una estación de bomberos, sufriendo dos traslados. Desde 1976 se halla conectada a una fuente de tensión estabilizada a 120V en la Estación de Bomberos nº 6, 4550 Este Ave., Livermore, California y tan sólo luce con una potencia de 4W. Hasta dicha fecha estuvo conectada a la red eléctrica de la ciudad a 110V.

Diseñada por Adolphe A. Chaillet y fabricada por Shelby Electric Company, es una bombilla de soplado con filamento de carbono.

 

Objetivo de la obsolescencia programada

Como puede comprobarse en el caso de la bombilla, el objetivo principal de la obsolescencia programada es la consecución de un mayor lucro económico de la industria, sin tener para nada en cuenta el interés del consumidor o la conservación del medio ambiente, a pesar de que su fundamento implica un abusivo consumo de recursos naturales y la generación de residuos contaminantes.

Pero no debemos pensar que la obsolescencia programada tan sólo se da en la fabricación industrial de electrodomésticos u otros productos similares. Se está generalizando su práctica en casi todos los procesos de fabricación. En unos casos limitando la vida útil y en otros casos utilizando la fecha de caducidad o de consumo preferente para productos alimenticios, químicos o farmacéuticos, aún a sabiendas de que ese producto no pierda sus características de una manera apreciable más allá de un 10 ó 15%, obligando con ello a los consumidores a desprenderse de productos que tienen plena eficacia.

 

Obsolescencia de componentes eléctricos y electrónicos

En este campo es quizá donde se aprecia en mayor grado el abuso de la obsolescencia programada. El caso más llamativo se da en las impresoras.

Primero fue fabricarlas cada vez de peor calidad, a eso le siguió el que los consumibles fuesen más caros que comprar una nueva impresora. Cuando aparecen los consumibles fabricados por terceros se recurre a instalarles un chip que se deteriora al alcanzar un número determinado de copias.

El resultado es que siempre es más barato comprar una nueva impresora que reparar la usada.

En el mismo campo se encuentran los ordenadores, cámaras de video, cámaras fotográficas, sistemas de almacenamiento, etc. Cada año sale al mercado un nuevo procesador, un nuevo tipo de memoria, un nuevo tipo de pantalla, un nuevo teléfono, una nueva consola.

A menudo la gente piensa que eso es resultado de los tiempos marcados por la investigación tecnológica, pero la realidad no es esa. La invención tecnológica va muchos años por delante de lo que es la fabricación de los aparatos.

Son los gestores de las empresas los que deciden cuando es que un producto se lanza al mercado y en qué etapa de desarrollo. Eso es también obsolescencia programada, porque hace que se compre un producto a sabiendas de que un mes más tarde va salir a la venta el mismo  con mayores prestaciones, sintiendo cada uno de nosotros la necesidad de cambiar el que se tiene por el que acaba de salir al mercado.

Otra técnica utilizada es el no permitir el despiece del aparato o el de sus componentes. Se vende el repuesto con un conjunto de elementos, pero no separadamente cada uno de los componentes, lo que obliga a la vista del precio a dudar si reparar o por un poco más de gasto comprar un producto nuevo.

Y la pregunta que uno puede hacerse es ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo puede resistir el planeta Tierra este despilfarro de recursos y esta acumulación de desechos que se generan como consecuencia de un crecimiento desmesurado del consumo y de la población?

Se calcula que hace un millón de años en la Tierra había tan solo 125.000 habitantes. Hace 10.000 años unos 5 millones. En el siglo I de nuestra era la población era de unos 300 millones. Fueron necesarios 16 siglos para que esa población se duplicara. Hasta 1800 la población mundial no alcanzó los 1.000 millones de habitantes y tan sólo 100 años más tarde alcanzó los 2.000 millones.

Hoy la población de la Tierra es de 7.350 millones de habitantes, con una tasa de crecimiento de 210.000 personas al día. ¿Tiene la Tierra recursos suficientes para proporcionar a toda esta población una vida tal como la entendemos en España?

Diariamente se producen 7 millones de toneladas de desechos. Dicho de otra manera, ¿tiene este planeta capacidad de degradación de los productos de desecho que su población es capaz de generar, considerando un nivel de consumo equivalente al del español medio?

Para mí la respuesta es no, pero ¿es suficiente la acción individual para cambiar la tendencia o es necesaria una actuación a nivel mundial para controlar el crecimiento de la población y el consumismo desmesurado, al que ocultamos con el nombre de crecimiento económico?

El crecimiento económico se nos muestra siempre como la única manera de luchar contra el paro y las desigualdades económicas, sin decirnos al mismo tiempo que ese crecimiento no puede ser indefinido e ilimitado, porque los recursos de la Tierra tampoco lo son.

Al mismo tiempo el crecimiento económico lleva consigo la generación de residuos, muchos de ellos no degradables al menos en un periodo corto de tiempo y casi siempre altamente contaminantes.

Además el crecimiento económico no puede basarse en el lema "comprar – tirar – comprar" que es el fundamento de la obsolescencia programada y menos todavía crecer para producir bienes cada día a más personas, pues todo crecimiento tiene un límite que debe ser conocido y controlado.

 

Almacén de residuos tecnológicos occidentales en Ghana
Almacén de residuos tecnológicos occidentales en Ghana

 

Se ha dicho, y en parte es verdad, que la obsolescencia programada permite el mantenimiento del crecimiento económico y la reducción del paro, pero puede que también sea una de las causas de la explotación de la mano de obra. Bastará echar una mirada hacia los países orientales para confirmarlo.

El crecimiento del consumo, unido a la reducción voluntaria de la vida de los bienes producidos, exige que éstos sean cada vez más baratos y obliga a que los costos de producción también lo sean. Las consecuencias son que las fábricas reducen los costos de producción a base de incrementar la jornada de trabajo de sus empleados y la reducción de los salarios, consiguiendo poner a la venta nuevos productos más baratos de lo que costaría la reparación del aparato parcialmente usado.

Este es el ejemplo del pez que se muerde la cola. Salir de este círculo vicioso de producir más para producir más barato, puede llevar a la humanidad a la hecatombe, por falta de previsión, si no se buscan nuevas fórmulas que eviten el derroche actual de energía y materias primas.

Cuando se oye discutir apasionadamente de los pros y contras de la lucha contra el cambio climático, uno se queda perplejo de cómo se puede acometer tal tarea, sin un estudio en profundidad de las bases sobre las que se asienta la economía mundial, el desarrollismo, el consumismo, el despilfarro de los recursos...

 

Medidas que pueden neutralizar la obsolescencia programada

  • Hacer públicos los modelos y marcas de los productos en los que se detecten señales de utilizar obsolescencia programada.
  • Obligación de informar en el etiquetado de los aparatos cual es su vida media.
  • Incrementar el tiempo de las actuales garantías un 50%.
  • Exigir a los fabricantes que el tiempo de garantía no pueda ser inferior a un tercio del tiempo estimado de vida.
  • Prohibir que los productos lleven cualquier tipo de firmware, software o punto débil que produzca su mal funcionamiento o deje de funcionar a partir de cierta fecha.
  • Los fabricantes deben estar obligados a suministrar todas las piezas de recambio y accesorios por un tiempo que no podrá ser inferior al tiempo medio de vida estimado.
  • Obligar a los fabricantes y vendedores a tener que hacerse cargo de los productos fuera de uso que han fabricado o vendido para su posterior reciclaje, puesto que al comprarlos ya pagamos un canon de reciclado.
  • Subvencionar a las empresas que reciclan productos obsoletos.
  • Etiquetado en los productos del impacto ambiental que tiene tanto su fabricación como su degradación.

 

Iniciativas

Han surgido diversas iniciativas particulares a nivel mundial para luchar contra la obsolescencia programada como la de la holandesa Martine Postma al crear el primer “Repair Café” el año 2009 en Ámsterdam.

 

En estos “Repair Café” se auto reparan todo tipo de de utensilios domésticos de manera gratuita y cuyo ejemplo está siendo secundado por cerca de un millar de "Cafés" distribuidos por todo el mundo.

 

La empresa española ¡WOP creó una bombilla que intenta ser una revolución en el mercado internacional. Se trata de una bombilla de tecnología led de 3,5 watios con una duración indefinida, ya que tiene una duración estimada de 85.000 horas y puede ser reparada, si es necesario.

 

Lucha contra la obsolescencia programada

La lucha contra la obsolescencia programada corresponde a los estados y a las organizaciones internacionales, ya que se trata de un delito que debe ser perseguido por las leyes.

El Comité Económico y Social Europeo (Cese), órgano consultivo de la UE, aprobó en 2.013 un dictamen que exige la prohibición total de la obsolescencia programada.

La Asamblea Nacional Francesa aprobó el 14 de octubre 2014 la llamada Ley de Transición Energética que se propone luchar contra la obsolescencia programada, el despilfarro energético, la producción de residuos en origen, imponiendo multas de 300.000 euros y penas de cárcel de hasta dos años.

 

Aportaciones personales

Sin embargo todos y cada uno de nosotros podemos luchar contra la obsolescencia programada en cualquiera de sus formas de presentarse. Para ello voy a presentar unos cuantos casos personales:

  • La última impresora láser que adquirí decía traer tóner para 700 copias, sin embargo desde la copia 200 hasta la 700 emitía mensajes indicando la necesidad de proceder a cambiar el cartucho, al mismo tiempo que establecía contacto vía internet con el proveedor. La solución está en no hacer caso a los avisos sospechosos.
  • Una aspiradora dejó de funcionar un día sin motivo aparente. Detecté que el fallo procedía del condensador que llevaba de arranque. Retiré dicho condensador y puenteé el cableado y lleva muchos años funcionando a la perfección. Lo que indica que dicho condensador no era indispensable y cumplía otro fin que no era el correcto funcionamiento. Por otro lado dicho condensador hace muchos años que ha dejado de comercializarse.
  • Tenía un microondas que un mes después de terminar la garantía dejó de funcionar. La causa no era otra que casi la totalidad de las teclas plásticas habían envejecido prematuramente y no hacían contacto. No encontré otra solución que sustituirlas por contactos mecánicos y así lo hice.
  • Años después sustituí este microondas por otro nuevo y me sucede algo parecido. Tan pronto caduca la garantía deja de funcionar. Gracias a Internet me hice casi un técnico en reparación de microondas y fui comprobando uno a uno todos los elementos del mismo, encontrando que todos ellos funcionaban correctamente. Tras muchas horas de trabajo pude descubrir que la causa estaba en un fusible que debería estar situado a la entrada de la energía y en cambio estaba oculto y sellado dentro del programador electrónico.
  • Se me avería un congelador, intento repararlo pero no es posible ya que la causa es una pérdida de gas, pues el tubo no va independiente sino incluido dentro de las bandejas. Solución considerarlo chatarra.
  • Deja de funcionar una lavadora. Detecto que la avería está localizada en el sensor de cierre, pero dicho sensor ha dejado de fabricarse. Solución, suprimirlo. ¿Si antes las lavadoras se fabricaban sin dicho sensor, con qué fin se le instala ahora…?
  • Tengo una impresora láser OKI B4350. Desde su lanzamiento se sabe que a partir de cierto número de copias sin utilizar el tóner del fabricante funciona los días que quiere. ¿Cómo le llamamos a eso…?
  • Teléfonos, tanto fijos cómo móviles, para qué hablar… Material conductor de baja calidad en todos ellos para que la mínima humedad permita crear capas de sales no conductoras en los contactos que alteran el normal funcionamiento de los mismos y obligan al usuario a sustituirlos por uno nuevo.
  • Para qué seguir…  

 

Otros ejemplos de obsolescencia programada

Un caso llamativo lo tenemos en los Ipod de la todopoderosa Apple. A poco de salir al mercado, el director de cine Casey Neistat y su hermano pusieron contra las cuerdas a la compañía Apple con un video denunciando la poca duración de Ipad.

Aseguraban que, premeditadamente estaban programadas para durar menos de un año, la compañía no vendía el repuesto y para colmo estaban soldadas al aparato, lo que hacía en la práctica inservible el aparato, a pesar del precio tan elevado de salida al mercado.

Las reclamaciones de los clientes no se hicieron esperar y Apple se vio obligada a comprometerse a dar una garantía de 2 años y crear un departamento especial de recambios.  

Lo que pasó con Apple es la punta del iceberg de lo que está pasando con todos los móviles.

Todos sabemos que la vida media de recambio de los móviles es inferior a los dos años debido a la obsolescencia en sus distintas vertientes:

  • Fallo tecnológico en el dispositivo o sus proveedores de energía.
  • Las aplicaciones de los móviles exigen cada vez más memoria, lo que obliga a su sustitución por otros más modernos.
  • La estética de moda obliga a adquirir teléfonos de la última generación.

Las consecuencias de este mercado acelerado de fabricación y consumo es el paulatino agotamiento de las materias utilizadas. Hemos de tener en cuenta que en su fabricación se utilizan más de una decena de metales, lo que supone la cuarta parte de su peso.  

El estado actual de los canales de recuperación de teléfonos usados y su reciclaje, al igual que para el resto de los aparatos eléctricos y electrónicos es de pena, por no decir catastrófico y por ello muchos de estos aparatos terminan en vertederos o son incinerados, cuando no enviados a países del tercer mundo como aparatos de segunda mano. Y estos países, en su mayor parte de África, que no saben qué hacer con sus desechos, se ven incapacitados para absorber los desechos tecnológicos de los países desarrollados.  

Para terminar recomiendo visionar el documental "Comprar, tirar, comprar" dirigido por Cosima Dannoritzer, y emitido en diversas ocasiones por TVE