La crisis del ladrillo y sus consecuencias

 

Indalecio Díaz Martínez, 18/04/2012

 

Que España está sufriendo la mayor crisis económica de su historia ya no lo pone en duda nadie. Sin embargo a los españoles nos cuesta mucho asumir que esta crisis no está motivada tan sólo por la crisis financiera internacional, sino como consecuencia de nuestros propios errores.

 

Ha llegado el momento de que reconozcamos que España a partir del año 2000 se embarcó en una aventura muy peligrosa al considerar que los créditos no hay que pagarlos. Ello nos condujo a una situación actualmente insostenible, por mucho que algunos sigan pensando que lo mejor es huir para adelante.

 

Tanto el Estado como los particulares hemos gastado lo que no teníamos y ahora tenemos que pagarlo. Los acreedores se han dado cuenta que ya que nosotros no hemos puesto límite al endeudamiento público y sobre todo privado, son ellos los que tienen que poner coto a este desenfreno pues en caso contrario corren el riesgo de no poder cobrar lo que nos han prestado.

 

La mayor parte del endeudamiento de las familias españolas se debe a la compra de viviendas muy por encima de las necesidades y de las rentas de sus ciudadanos, de tal manera que en pocos años el número de personas por hogar disminuyó un 25% y que la evolución del precio de la vivienda en España se disparase. Ello hizo que en la primera década de este siglo se crearan 4 millones de nuevos hogares, a razón de 400.000 nuevos hogares por año, cuando las previsiones para la actual década será de tan sólo 2 millones y medio millón para la siguiente, según los datos que acaban de publicarse en el Anuario Estadístico del Mercado Inmobiliario Español de RR de Acuña & Asociados.

Según dicho estudio, “en el período 2004-2011 España no ha aumentado realmente su nivel de riqueza, dado que hemos obtenido una mayor renta fruto de un mayor endeudamiento”. En dicho periodo el crédito a particulares pasó de 0,9 a 1,8 billones de euros de los cuales un 65% fue para adquirir una vivienda. Este endeudamiento tan grande en parte a costa de crédito con la banca extranjera, hizo que la llegada de la crisis financiera internacional estrangulara la concesión de nuevos créditos y en consecuencia quedara asfixiado el sistema bancario.

 

Como consecuencia de lo anterior se produjo el derrumbe de una enorme pirámide invertida basada en una sobreoferta de pisos que se vendían a unos precios artificialmente elevados como consecuencia de unos créditos a muy bajo interés.

 

Ello trajo consigo:

  • La destrucción de 2,7 millones de puestos de trabajo, (más de la mitad pertenecen a la construcción)
  • La mitad de las empresas de construcción están en quiebra o han desaparecido tras dejar una deuda de unos 130.000 millones de euros con los bancos.
  • La emigración de residentes nacionales y extranjeros.
  • El incremento de los desahucios por impago de las hipotecas.
  • Falta de liquidez bancaria y dificultades de las empresas para acceder al crédito.

Y ahora nos encontramos en la situación actual, caminando irremisiblemente a un porcentaje de créditos impagados de dos dígitos, a una banca en quiebra técnica, a unos stocks de pisos sin vender que no serán absorbidos en una década, a una caída en los precios de la vivienda superior al 25% y que en los dos próximos años alcanzará según zonas el 50%.

Las entidades de crédito en este momento tienen asumidas unas pérdidas de 150.000 millones de euros que no podrán absorber a corto plazo, y se han convertido la mayor parte de ellas en agencias inmobiliarias incapaces de vender sus propios pisos, a pesar de la obligación que les ha impuesto el Banco de España. Sin embargo el problema puede ser mayor ya que la exposición del sector financiero al sector inmobiliario representa entre 420.000 y 450.000 millones de euros, lo que equivale al 45% del PIB, es decir el 50% de la financiación crediticia al sector productivo.

 

En consecuencia:

  • Para amortizar la deuda se necesitarán más de 10 años.
  • No existe posibilidad de pagar los intereses de esta deuda en 10 años, pues para ello se necesitarían al menos 20.000 millones más.
  • Para que el sistema no se colapse se debieran amortizar en torno a 350.000 millones de euros de deuda
  • El stock de viviendas se ha incrementado desde 2007 un 160%, en tanto la demanda ha disminuido un 65%, lo que hace pasar el tiempo medio de venta de 1,4 a 11,4 años.

Teniendo en cuenta que este año es PIB decrecerá y el crecimiento previsto para 2013 será prácticamente nulo, es previsible que al menos hasta el año 2015 los precios de la vivienda en España seguirán descendiendo. Ello provocará un mayor endeudamiento de los bancos y un empobrecimiento de la población que se hará más visible para aquellos que han adquirido sus viviendas en los últimos años.

 

Todo lo anterior limitará el desplazamiento de la población a otra región en busca de un puesto de trabajo, puesto que no encontrará a quién vender su piso y si lo encuentra será a costa como mínimo de perder todas las amortizaciones que haya realizado y en caso de querer alquilarlo. Tendrá que hacerlo a precios más bajos que los actuales debido a la ley de la oferta y la demanda.