Entrevista a Luis Garicano

Faro de Vigo, 25/09/2011

Selina Otero

 

Cuando estalló la burbuja inmobiliaria España se quedó desnuda. ¿Qué había debajo de esas 800.000 viviendas levantadas en la era dorada del boom? Unos cimientos débiles: “un modelo de crecimiento insostenible basado en una productividad baja”. El empleo se desplomó y el sector público se contagió; ingredientes que dificultan la salida de la crisis. “Desde el inicio, todo lo que ha podido ir mal ha ido mal”, explica Luis Garicano, catedrático en la London School of Economics. Este experto en mercados, que visitó Vigo para impartir su particular lección de Economía en la Fundación Barrié, insta al próximo Gobierno a acometer reformas urgentes para alejar el fantasma de Grecia.

 

–Aceptar el reto y trabajar, sin tiempo para lamentos, según sus palabras. ¿España debe temer un rescate?

–No. Hay que hacer lo posible por salir del pelotón de cola en el que nos hemos colocado. Creo que es posible. España parte de una buena situación, con infraestructuras, jóvenes preparados y empresas competitivas.

 

–La deuda privada fue clave en esta crisis. ¿Habrá recuperación antes de 2020?

–Los excesos de endeudamiento conllevan muchos años para recuperarse y volver a tener crecimiento. Ha ocurrido en crisis económicas y financieras en el pasado y la recuperación ha llevado unos diez años.

 

–Grecia anuncia que no tiene dinero a partir de octubre. ¿España tiene suficiente colchón para aguantar los próximos dos años de reformas?

–Podemos sobrevivir si abordamos reformas importantes y con mucha prisa. Hay que aprovechar las primeras semanas después de las elecciones. Si mareamos la perdiz, el problema será grave.

 

–¿Qué opina de la reforma de la Constitución para limitar el déficit?

–Las reglas fiscales son buena cosa. Cuando uno está a régimen muchas veces le apetece tomar chocolate. Si hoy me tomo postre, mañana me privo. La única forma de perder peso es no comer chocolate ningún día, aunque a uno le apetezca mucho. Cuando hay un gobierno, y tiene unas elecciones en dos años, lo que le apetece es bajar los impuestos y hacer carreteras. A veces, las decisiones de política fiscal no son consecuentes con lo que el país necesita a largo plazo. La regla de la Constitución es buena, es una señal de confianza para los mercados.

 

–¿Se llevó a cabo por presiones del Banco Central Europeo?

–Conviene enviar señales de que España es un país serio, donde no estamos intentando que nos hagan transferencias desde el norte todos los años a fondo perdido y para siempre. Podemos tener un problema puntual pero no es un país que se dedique al sol, a la playa y a la cerveza. El sur de Europa está cansado de sacrificios y el norte, de transferencias.

 

–Augura que el próximo Gobierno tendrá que hacer la mayor reforma en los últimos 60 años. ¿Peligran las pensiones?

–Creo que no. Se ha hecho una buena reforma de las pensiones. Considero que debería permitir al sistema que sea solvente. Las pensiones ya se han tocado.

 

–¿Entonces es suficiente adelantar dos años la edad de jubilación?

–La reforma que se ha hecho tiene, a partir de 2027, una fórmula de ajuste automático, que es un buen instrumento. Esta reforma ha sido sorprendente y se hizo en tres semanas. Esto sería impensable en Estados Unidos, por ejemplo. Y el cambio de la Constitución se aprobó en tres días. Con decisión, tenemos una capacidad de avance mayor del que creemos.

 

–Frente a China y a India, Europa debe potenciar su mano de obra cualificada y también la tecnología.

–No solo eso, sino también empleos artesanales donde exista un valor añadido. No hacer el jarrón que hacen los chinos, sino el jarrón especial de Galicia. No poner un restaurante de comida rápida, sino abrir uno especial, que la gente acuda por diferente y propio. Es decir, no tienen que ser exclusivamente tecnológicos. El valor añadido existe siempre que uno sea capaz de hacer algo especial y único.

 

–¿Funcionará una mano de obra cualificada con la temporalidad que hay y los salarios mermados?

–La crisis supone que ha habido una fiesta y tenemos que pagarla. Todos los ciudadanos de Europa vamos a sufrir una disminución en nuestro nivel de vida. Va a pasar. Creo que los costes tienen que ser compartidos para que la gente entienda que son justos, que no recaen solo en una parte de la sociedad. Pero nuestro nivel de vida no va a ser el que era. Cuanto antes admitamos que vamos a perder parte del mismo para salir de la crisis, mejor.

 

–Pero en el salario de los trabajadores las empresas tienen mucho que decir.

–Una fórmula de hacerlo es compartir ahora los malos momentos y cuando vengan los buenos habrá un reparto de beneficios, de modo que todos los que hagan un esfuerzo se lleven un extra. Se puede pactar.

 

–¿Adelgazaría más la Administración pública?

–Creo que los recortes, así a lo bruto, no sirven para mucho. Lo que hace falta es ver qué cosas necesitamos y cuáles no. Todas las regiones tienen una televisión pública. ¿Hace falta? No es lo mismo que la Sanidad, por ejemplo, en orden de importancia. Hay ineficiencia en el gasto. La inversión en infraestructura ha sido excesiva, con aeropuertos vacíos en el país. Pero no apuesto por recortes horizontales: bajarle el sueldo por igual a todo el mundo. No. Hablo de reformas y reestructuración, eliminando lo innecesario.

 

–¿Qué hacen mal los gobiernos autonómicos?

–El problema del gasto público es que alguien no sufre las consecuencias. Si uno tiene una tienda y en lugar de contratar un empleado contrata a cinco, y si le paga el doble del sueldo habitual, la tienda se va al garete. Pero si una Administración pública gasta más de la cuenta, o contrata más de la cuenta, no sufre las consecuencias. Por eso propongo crear un instrumento para que las autonomías se hagan responsables de sus gastos e ingresos. No vale mirar para otro lado y disimular.

 

–¿Apuesta por la fusión de ayuntamientos para evitar duplicidades?

–La fusión de ayuntamientos es absolutamente necesaria y va a tener que suceder, seguro. La historia no es razón suficiente como para tener un número tan elevado. Se hizo en Holanda o Italia y no pasó nada.

 

–El impuesto del patrimonio parece una tirita en medio de todo esto...

–Es una tirita pero importante, simbólica. Que la gente vea que los costes de la crisis son compartidos, que no pagan siempre los mismos.

 

–No todas las fusiones han seguido los mismos criterios. En Galicia, uno de los elegidos, fue el de la galleguidad de la futura entidad. ¿Lo considera apropiado?

–Hombre, la galleguidad también tiene consecuencias negativas para Galicia, en el sentido de que la pérdida de empleo se concentra en la comunidad. Creo que las fusiones, en general, y no quiero hablar de ninguna en concreto porque no procede en estos momentos, no se han hecho bien.

 

–¿Por qué?

–Muchas de las fusiones que ha habido han sumado cajas que estaban en apuros y las que mejor estaban no han querido entrar. Si las fusiones se nutren de cajas débiles, la entidad resultante también será débil.

 

–¿Es crucial un nuevo mapa de entidades solventes para recuperar la confianza de los mercados?

–Absolutamente. Es un proceso fundamental para el futuro y, de momento, no ha mejorado la estructura del sistema financiero. No ha resuelto el problema.

 

–Se atreve a decir que será un error inyectar un capital que se sale de las previsiones a la Caja de Ahorros del Mediterráneo, la CAM. ¿Cuáles son los principales problemas del sistema que hay que subsanar?

–Es que hay tres problemas que tenían las cajas del sistema financiero español: la eficiencia, el gobierno corporativo y los malos activos. Las fusiones no han resuelto los malos activos: si los tenían siguen ahí. Tienen la suma.

 

–Pero el sistema sí se está transformando para que sean más eficientes.

–Sí que se está racionalizando la estructura pero va a ser muy complicado y muy lento comparado con lo que hace falta. Y_los problemas del gobierno corporativo, en muchos casos, están igual que estaban. No se ha vuelto de repente muy profesional la gestión, en general, aunque algunas sí han elegido gestores más especializados. Considero que las fusiones no han resuelto el diagnóstico de los problemas que había en España.

 

–¿Qué es lo que no funciona y cómo corregirlo?

–Es que las fusiones tienen un coste gigante: se crean entidades sistémicas. El problema de la crisis han sido las entidades too big to fail: las que son demasiado grandes como para caer y hay que salvar. Perfecto. La idea debería ser romper entidades para evitar las too big to fail y que si una falla no te tumbe el sistema. Pero con las fusiones se ha hecho todo lo contario. Con la unión se crean entidades sistémicas porque siguen ahí, al no corregirse en origen.

 

–Aconseja que las entidades bajen el precio de los pisos, entre un 30% y un 40%, para reactivar la compra de vivienda.

–La cuestión son las provisiones y que el banco vea una pérdida al bajar el precio. Si solo provisiona el 30% y tiene que bajarlo un 50% para venderlo, ese 20% es una pérdida de valor. La normativa de provisiones la fija el Banco de España. Para explicarlo mejor: el piso vale 100 y fijo en 70 el precio de mercado. He metido 30. Pero si lo vendo a 40, a ese 30 anterior tengo que sumar una pérdida de otros 30. Con lo cual, prefiero dejar el coste a 70. Es delicado.

 

–Considera que con mayor seguridad jurídica se reactivaría el alquiler de viviendas vacías en España.

–Es que un posible impago no debe frenar a un propietario para alquilar, porque, si ocurre, el problema con el inquilino se dilata años. El sistema judicial en España es muy lento. Hay que dotar de mayor seguridad jurídica al contrato de alquiler para dar salida al stock de viviendas vacías.

 

–¿La austeridad es la fórmula mágica para crecer?

–Para salir de la crisis, la austeridad no es suficiente. Necesitamos que la economía española sea más productiva para avanzar.

 

–¿Entrará el euro en crisis?

–Uno de los principales problemas del euro es que hemos creado una unión monetaria sin el apoyo de la mayoría de la ciudadanía europea. Los del norte no acaban de verlo. Países como Holanda o Alemania recelan del euro. Y eso se percibe en la calle, en parte de la clase política y en la prensa.

 

–¿Cómo analiza lo que ocurre en Grecia?

–Nos debe hacer reflexionar. Ponernos en lo peor y pensar que estamos solos en esto. Que es mejor arreglar las cosas solos, desde dentro, y evitar rescates. En este nuevo orden, “lo que yo sumo es lo que tú pierdes”, y viceversa. Por poner un ejemplo de la dimensión: Grecia no tiene dinero para pagar su deuda. En octubre se queda sin fondos. Y el primer impago que afronta son sus salarios y pensiones, no un bono internacional. ¡Ojo!