El rescate de la banca española responsabilidad de todos


Indalecio Díaz Martínez, 09/06/2012

 

Al final, tal como era de esperar, la banca española ha tenido que ser rescatada por la Unión Europea, como única medida para evitar el total colapso y la quiebra, no sólo del sistema bancario español sino, lo que es peor, del estado español.

 

Digo al final, porque el rescate bancario hace tiempo que ha comenzado. Primero fueron los bancos los que empezaron a rescatar los bienes embargados a las empresas y a los particulares por no haber podido hacer frente al pago de intereses y a la devolución de los créditos que les habían concedido las entidades para comprar solares, viviendas, automóviles, etc.

 

Después continuaron los rescates e intervenciones de las cajas de ahorro por parte del FROB al no poder hacer éstas frente a las obligaciones contraídas con entidades bancarias y fondos de pensiones extranjeros que les habían prestado el dinero con el que se fue alimentando una enorme burbuja inmobiliaria de la que nadie se quiere hacer responsable.

 

Finalmente, ha tenido que ser rescatado el propio FROB, porque los intereses a los que los mercados están dispuestos a prestarle más dinero para el rescate bancario se ha disparado, sobre todo si lo comparamos con el interés que tiene que pagar Alemania, ya que en esta última semana ha sobrepasado ampliamente los 500 puntos, colocando el interés de la nueva deuda española a 10 años, muy por encima del 6%.

 

Ahora podemos engañarnos diciendo que lo que ha ocurrido hoy no ha sido un rescate, ni una intervención, sino la concesión de un préstamo, a interés reducido, al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), pero ello no es cierto. Es verdad que España no ha sido rescatada en la medida que lo ha sido Grecia o Portugal, no obstante es necesario matizar estas afirmaciones.

 

La economía española en su conjunto no ha tenido que ser rescatada porque al contrario de lo que ocurría en el caso griego, el gobierno de España ha seguido las instrucciones de Europa y fue realizando uno a uno todos los cambios estructurales tal como se nos han ido sugiriendo. Pero también es cierto que si España necesitase ser rescatada en la misma medida que lo fue Grecia, Europa no tiene fondos suficientes para ello y como consecuencia se produciría un estallido en cascada del resto de las economías europeas y la consecuente desaparición del euro, al menos en la mayor parte de los países de la UE.

 

Y ahora ¿qué? Pues tan pronto dispongamos de datos fiables de cuales son las necesidades de cada una de las entidades bancarias en apuros, el estado español incrementará su deuda en la cuantía necesaria para hacer frente al desfase contable bancario firmando un crédito con la UE, con destino al FROB y un límite del 100.000 millones de euros.

 

A partir de ese momento deberemos empezar a pagar este mismo año los intereses de dicho crédito y en consecuencia esto producirá un desequilibrio presupuestario que obligará a realizar más recortes o implantar nuevos impuestos si no queremos incurrir en un nuevo incumplimiento del nivel de déficit, que para este año ha sido fijado en el 5,3% de PIB.

 

Los españoles a menudo nos preguntamos como es posible que seamos nosotros los que tengamos que pagar el desaguisado de los bancos por medio de recortes en todos los sectores o con el incremento de los impuestos, cuando no hemos sido los responsables y tampoco los beneficiarios de los tiempos de las vacas gordas. A éstos yo tengo algo que decir. No hemos sido los responsables principales, pero sí cooperadores necesarios y corresponsables, cuando no beneficiarios por las siguientes razones:

  • Nos hemos endeudado individualmente para adquirir bienes por valor superior a lo que nuestras rentas de trabajo garantizado nos permitían, como la actual realidad ha demostrado.
  • Hemos pagado por los pisos precios desorbitados porque al fin y al cabo los bancos nos adelantaban el 100% del coste o más.
  • Hemos exigido demasiados derechos olvidándonos a menudo de nuestras obligaciones, en tal manera que había llegado un momento en que España era el prototipo del bien vivir y menos trabajar.
  • Hemos asistido a las urnas con la intención de votar al que ofreciese más a cambio de menos.
  • Hemos dispuesto y todavía seguimos disponiendo de créditos para la adquisición de viviendas a un interés variable inferior al IPC, sin darnos cuenta que en la mayor parte de los países los créditos a la vivienda se conceden casi siempre a interés fijo muy superior al nuestro.
  • Hemos querido tener y hemos disfrutado teniendo una sucursal bancaria a las puertas de nuestra casa, cuando en el resto del mundo es necesario recorrer kilómetros para encontrar una.
  • Hemos conseguido y utilizado tarjetas de crédito con una facilidad espantosa, cosa que ocurre en muy pocos países.
  • Mientras en todos los países los ciudadanos colaboraban en el coste de los servicios públicos y bancarios, en España todo tenía que ser gratuito.
  • Nos hemos beneficiado de la labor social de las cajas de ahorro pensando que esa era su principal función, sin darnos cuenta que teníamos que exigir a sus gestores que las hiciesen rentables.
  • Nunca exigimos cuentas a los representantes de los ahorradores en las cajas de ahorro, a los alcaldes y concejales, a los sindicatos, a los políticos de cómo administraban nuestros depósitos.

Ahora, ahora ha llegado la hora de las lamentaciones y yo digo lo mismo que Aixa a su hijo Boabdil tras la entrega de las llaves de Granada a los cristianos “no llores como mujer lo que no has sido capaz de defender como hombre”.