Realidad empresarial en el ámbito docente


 

Cinco Días, 18/10/2011

Juan Carlos de Margarida

 

La falta de conexión y comunicación de la empresa con las enseñanzas universitarias y la formación profesional hace que el egresado, futuro profesional en potencia, no se encuentre preparado para enfrentarse a la realidad empresarial.

 

La productividad de un país necesita del binomio educación-empresa. A este respecto, es necesaria la productividad en la educación, es decir, que el egresado, tanto universitario como no universitario, obtenga los conocimientos, competencias y habilidades necesarias para poder enfrentase a la realidad empresarial. Por otro lado, la empresa necesita estar preparada para integrarle su sistema de organización y poder obtener el mayor beneficio del mismo.

 

Existe una cierta incongruencia en la afirmación que para incrementar la productividad de un país es necesaria una alta calidad, como un elevado nivel en su educación. En este sentido, se observa que existen empresas que se han implantado en países en vías de desarrollo asumiendo un personal con un nivel de educación muy bajo. A estos trabajadores se les inculca y enseña la organización del trabajo al objeto de ser entrenados para realizar una labor con una alta productividad, comprobándose un incremento de la misma en relación con las empresas filiales implantadas en países desarrollados y que se encuentran con trabajadores que tienen un alto nivel de educación.

 

Esta realidad se encuentra patente en algunas grandes empresas implantadas a nivel internacional, según un informe emitido por McKinsey Global Institute. Así se ha demostrado que en Brasil existe una fábrica de la marca automotriz Honda que actualmente tiene un nivel de producción equivalente a los niveles más altos en Japón. También Carrefour, el gran hipermercado francés, en Brasil logra incrementar su productividad en un 90% de la productividad que logran obtener en Francia.

 

Analizando esas realidades la pregunta sería: ¿por qué hay empresas locales que con el mismo personal, bajo en nivel de compe-tencias, habilidades y conocimientos, logran una baja productividad cuando otras empresas foráneas con el mismo tipo de personal logran una productividad aún superior a las empresas de sus países de origen?

 

La respuesta es simple, y a la vez hace cuestionar la idea de que la educación es la base para potenciar la productividad. Las empresas a las que hacemos referencia han enseñado a los trabajadores su organización empresarial al objeto de que el producto cumpla con los cánones de calidad exigidos por sus clientes. Si además añadimos la predisposición del empleado para el trabajo, el incremento de su poder adquisitivo, la estabilidad económica familiar, etc., hace que se cree una situación en la que la productividad se dispare a unos niveles muy altos.

 

Para conexionar la realidad empresarial con la universidad y la formación profesional, la empresa ha de formar al profesorado en esa realidad para que este, a su vez, forme al alumno tanto en el aspecto metodológico como en el aspecto práctico, al objeto de lograr crear un profesional que tenga las competencias, habilidades y conocimientos suficientes para poder incorporarse al mercado laboral. No nos debemos de olvidar, asimismo, de la investigación que realiza el profesorado, pieza también clave para la formación del alumnado.

 

Para lograr esto, los centros universitarios y de formación profesional han de poner en contacto a profesores y a empresas en programas bidireccionales diseñados tanto por los profesionales de las empresas como por los propios docentes, al objeto de poder obtener la máxima rentabilidad de conocimiento a poder transmitir a los alumnos. Asimismo, esto se complementaría con visitas, prácticas en las empresas, así como conferencias y talleres de trabajo a realizar en el mundo universitario para lograr obtener un futuro profesional con los pies sobre la tierra a la hora de su integración en el mercado laboral del país.

 

Sin embargo, podemos afirmar que la empresa española no invierte generalmente en educación ni en investigación. El empresariado español no cree en la simbiosis que debe existir con las instituciones educativas. Este empresario requiere una mano de obra barata a través de las prácticas en empresas y no forma al alumno que, durante unos meses, permanece en su empresa para la adquisición de aquellos conocimientos prácticos que la universidad, o los centros de formación profesional, no pueden proporcionarles por falta de competencias. Además la empresa pretende obtener resultados inmediatos e incrementados por cada euro que invierte en los centros educativos de este país.

 

En definitiva, es necesario hacer cambiar la mentalidad en el ámbito empresarial, a la vez que en el docente, respecto del sistema educativo español, logrando que el alumno, futuro profesional, adquiera conocimientos prácticos que sean acordes con la realidad.