¿Cómo se arregla España?

 

El Confidencial, 19 y 26/09/2011

Roberto Centeno

 

Muy frecuentemente, amigos o personas que me siguen en los medios donde colaboro me dicen: “Dinos algo positivo, danos alguna esperanza”. Nuestro consejero delegado, José Antonio Sánchez, me decía lo mismo el otro día: “El Confidencial no está alineado con ningún partido político, sólo queremos el bien de España, gane quien gane; ¿por qué no propones soluciones?, ¿por qué no explicas cómo podemos salir de la crisis y no sólo relatas cómo nos hundimos un poco más cada día?”. No puedo estar más de acuerdo y creo que es el momento más adecuado, ahora y en las próximas semanas antes del 20-N. Dicho esto, comienzo por una afirmación rotunda: nuestra salida de la crisis es relativamente sencilla y solo necesita una cosa, voluntad política.

 

Pero antes quiero referir un ejemplo cercano de desastre por falta de voluntad política: Grecia. Todo el mundo dice que Grecia está quebrada o que quebrará mañana o pasado. Puede ser, pero sería una quiebra fraudulenta, porque Grecia no está quebrada ni de lejos. Una quiebra de una persona, una empresa o un país, significa que los pasivos exigibles son superiores a los activos realizables; los pasivos exigibles de Grecia son unos 150.000 millones de euros, de una deuda pública total de 350.000. ¿Y cuál es el valor de los activos públicos realizables? 300.000 millones de euros, el valor estimado por el BCE del aeropuerto de Atenas, las telecomunicaciones, una refinería, dos puertos, autopistas, etc.

¿Y qué pasa? Pues que al Gobierno griego no le sale de las narices vender nada, están en el chantaje a Europa: “O me dais lo que necesito y me hacéis una quita de 50 por ciento de la deuda o hundimos al euro”. Y para empezar necesito que me paguéis la nóminas y las pensiones de octubre y siguientes. Si yo fuera Merkel o Sarkozy, le iba a pagar la nómina y las pensiones su santa progenitora. Lo del Gobierno griego es una golfada que no tiene nombre: vendan el 50 por ciento de sus activos públicos, reduzcan la deuda a un manejable 80 por ciento del PIB y hagan luego los ajustes para estabilizar.

 

En España es lo mismo, pero mucho peor. ¿Peor que Grecia? Pues sí señor, y esto no es un juicio de valor, son matemáticas, porque las joyas de la corona ya las vendió Rato. Bueno, las malvendió a los monopolistas para estabilizar las cuentas y entrar en el euro a ciegas, como auténticos imbéciles, donde nadie dedicaría ni un solo segundo a analizar los pros y los contras de una decisión trascendental para la nación, y que sería desastrosa. Y ahora ya es demasiado tarde, la salida nos costaría el 50 por ciento del PIB según UBS, y eso sólo para empezar.

 

La condición sine qua non

Se dice habitualmente que el problema que tenemos es que los españoles hemos vivido muchos años por encima de nuestras posibilidades y, en consecuencia, debemos apretarnos el cinturón ahora para poder devolver todo lo que hemos vivido de prestado, y esto es verdad. Pero, ¿quién lo hizo posible? Lo hicieron posible unos gobiernos irresponsables y unas instituciones al servicio de los mismos que engañaron a los ciudadanos e incentivaron el endeudamiento masivo de familias y empresas muy por encima de todo lo razonable, cuando su obligación, y tenían todos los instrumentos de control para ello, era haberlo evitado.

 

Y no sólo familias y empresas. El despilfarro masivo está en la España de las autonomías, donde la casta política parasitaria gasta sin freno y sin control alguno, a veces en los disparates más inauditos; un proceso jamás conocido ni en España ni en Europa. Los culpables de ello no han sido los españoles, ha sido la casta política nacida en la Transición, que se repartirían España como si fuera un solar; una casta política y sindical que en su inmensa mayoría son meros parásitos sociales en el sentido directo del término.

 

Arreglar España es, por tanto, un problema esencialmente político, lo cual es bueno y es malo. Es bueno porque un acuerdo político podría poner las cosas en la senda de la solución. Y es malo, porque con un Partido Socialista al que, como dice France Soir, “no le importa destruir España con tal de no perder el poder y está tan ciego de odio hacia la derecha que son incapaces de criticar a los suyos aunque hundan el país”, el acuerdo es misión imposible. Pero es la condición sine qua non, y la alternativa es muy simple: o el acuerdo o el apocalipsis.

 

Muchos afirman que lo primero para arreglar España es mejorar la productividad… ¡y claro que hay que mejorarla!, pero eso ¿cómo se hace sin cambiar antes un modelo de Estado cuyas duplicidades cuestan 34.000 millones de euros anuales y cuyo despilfarro conjunto supera los 100.000 millones?, ¿con la unidad de mercado rota en 17 trozos?, ¿ sin crédito a familias y empresas porque el sistema financiero está quebrado?, ¿con una estructura monopolista del mercado de factores que hace que los españoles paguemos la tipos de interés, la electricidad, el gas y los productos petrolíferos más caros de Europa?, ¿con 3,4 millones de empleados públicos y asesores, de los que casi dos millones han sido nombrados a dedo, y son absolutamente inútiles?.

 

O España acaba con el sistema autonómico o a la inversa

Grábense ustedes esto en la cabeza: o España acaba con el sistema autonómico o el sistema autonómico acaba con España. Ése es la cuestión. Y ya no basta con “corregir sus excesos”, ya no basta con reducir gastos un 10 o un 20 por ciento, es demasiado poco y demasiado tarde. ¡Si sólo en el segundo trimestre 2011 la deuda de comunidades autónomas creció un 23,5 por ciento! No podemos seguir gastando por más tiempo 100.000 millones de euros más de lo que ingresamos, batiendo cada trimestre records históricos de deuda; es el camino al desastre. Y, sin embargo, la salida es tan sencilla que hasta un niño de Primaria la entiende: no gastar más de lo que se ingresa. Y lo primero son comunidades autónomas, ayuntamientos y diputaciones, porque suponen el 80 por ciento del gasto total.

 

Para equilibrar, la reducción de gastos debe empezar por un 25 por ciento. Pero es mucho más, porque eso incluye las nuevas transferencias, decididas por Zapatero y Rubalcaba con una irresponsabilidad infinita y que han dejado al Estado con un agujero de 70.000 millones y con unos gastos imposibles de reducir porque ya no hay dinero suficiente para financiar el funcionamiento normal de la nación. Es, por tanto, imperativo reducir esas transferencias para que ese agujero desaparezca. Para equilibrar el gasto público total, CCAA y ayuntamientos tienen que reducir de media su gasto un 45 por ciento, algo que al contrario que el Estado es perfectamente posible. Pero tampoco basta: los ingresos deberán superar a los gastos durante decenios, para amortizar nuestra gigantesca deuda, y eso significa reducir el gasto no centralizado al menos en un 50 por ciento. ¡Ah!, y no esperen mejoras del lado del crecimiento, que medido por indicadores independientes está cayendo entre el -5 y el -7 por ciento desde julio. Y la renta disponible de las familias, que cayó un 4 % en 2010 por primera vez desde 1949, se hundirá un 5,5% previsto en 2011 y un 7 % estimado en 2012. Están arruinando literalmente a la nación.

 

La administración territorial es el cáncer que nos lleva a la ruina: 17 comunidades autónomas, con más de 4.000 altos cargos, frente a los 409 del Estado; 8.000 ayuntamientos, el doble que Alemania; 4.000 empresas públicas y 540 fundaciones, donde hay enchufados más de 500.000 familiares y amigos de políticos, cuyos jefes y jefecillos cobran más que los ministros. Diputaciones, cabildos insulares y cada uno por libre, sin la menor coordinación por parte del Estado. Cinco veces más empleados públicos que en 1975, cobrando de media un 36 por ciento más que el resto de trabajadores, 30.000 coches oficiales, 300.000 teléfonos móviles, 13 televisiones autonómicas, 100.000 liberados sindicales, 175 embajadas, el doble de las que tiene España, y mil y una cosas más.

 

Bien, esto es con lo que hay que acabar. “¿Cómo se va a poder reducir el gasto autonómico si el 80 por ciento es gasto sanitario y de educación?”. ¡Serán tramposos! El gasto sanitario es el 35 por ciento y la educación el 9 %; y su gestión, como nos señala The Economist (17/9/11), desastrosa y con costes fuera de control. El absentismo es el mayor de Europa, el coste de los medicamentos recetados el 40 por ciento más, los hospitales trabajan sólo por las mañanas, los 100.000 liberados sindicales inexistentes en el resto del mundo se dedican a hacerle la campaña al PSOE e impedir la racionalización. Un cachondeo total. ¿Quién dice que no se puede recortar en sanidad? Y la educación, igual.

 

En medio de un inicio de recesión exterior y brutal ajuste interior –el PIB está cayendo entre en el 5 y el 7 %, estimado por variables correlacionadas o por sus componentes; ya dan igual las mentiras de MAFO y el INE – resulta que estamos sin Gobierno hasta enero. La última canallada de Zapatero es alargar cuatro meses nuestra agonía; la situación empeora día a día, por lo que si con el país a la deriva llegamos a enero, rayará lo milagroso.

 

He explicado que nuestro primer problema es el modelo de Estado, un océano de corrupción y despilfarro, pero existe otro que puede ser incluso mayor: el sistema financiero. Y puede serlo porque la manipulación y las mentiras masivas de MAFO y de las propias entidades sobre el valor de sus activos no tienen parangón en el mundo civilizado.

 

Un sistema financiero insolvente

El pasado mes de julio, a raíz del camelo de los stress test, la señora Salgado, una mentirosa con denominación de origen, afirmó que ni bancos ni cajas necesitarían ayuda adicional alguna. Dos meses después, la Caja del Mediterráneo, que había dado beneficios el primer trimestre con el visto bueno del MAFO, resulta que tiene un agujero de 20.000 millones y necesita avales por otros 18.000.

 

Pero esto es sólo la punta del iceberg. ¿A qué tiene que hacer frente la banca, que tiene un capital de unos 170.000 millones y unas provisiones de 90.000? Primero a la morosidad, que no para de crecer: 147.000 millones oficiales y 250.000 millones estimados como reales. Luego la subprime española, la deuda de promotores y constructoras: 500.000 millones, donde no se podrán recuperar ni la mitad.

 

En la CAM un 51 por ciento de esta deuda esta impagada y otro 15 por ciento casi igual- substandard-. La deuda soberana, 330.000 millones, hoy vale un 35 por ciento menos. La deuda con CCAA, ayuntamientos y empresas públicas, casi 200.000 millones, de la que no recuperan ni la mitad. Y luego tienen que devolver 700.000 millones al exterior, 45.000 de ellos hasta fin de año y ¡120.000 millones en 2012! Ahora sumen.

Impagos probables de morosos, 100.000. Impagos probables de promotores y constructoras, 250.000. Pérdidas potenciales en deuda soberana, 60.000. Pérdidas potenciales en deuda periférica, 100.000. Total, 510.000 millones, el doble del capital más las provisiones; y lo más grave, todo está yendo a peor y a velocidad acelerada. ¿Cómo van a poder devolver la deuda si no es refinanciando con aval del Estado? Les hemos avalado ya 89.000, ¿quién va a pagar esta fiesta?, ¿los españoles o los culpables, que se han hecho “banqueros” con sueldos de escándalo?.

 

Añadan el capital adicional para cumplir Basilea II y el agujero de bancos y cajas se asemeja a la fosa de las Marianas. Puede que la mitad o casi sean insolventes, por lo que el FMI pide un auditor externo ya para evaluar la situación de la banca española, igual que se hizo en Irlanda. Los depósitos de los clientes los están utilizando para devolver deuda, lo que significa que ese dinero ha desaparecido, y el crédito no volverá a fluir en años.

 

En resumen, el saneamiento del sistema financiero es prioritario y España ya no tiene dinero para ello. Por tanto, los que vengan tendrán que averiguar la verdad primero, cerrar lo inviable y procesar a los culpables, empezando por MAFO por “incumplimiento grave de sus obligaciones”.

 

España debe estar preparada para una situación similar a la griega o peor

Estamos al borde del abismo y el tiempo se ha acabado. Hacemos agua por todos lados. O se toman medidas drásticas o en cuestión de meses estaremos igual que Grecia. Todos están jugando a tomar medidas parciales y esperar que escampe, pero no va a escampar, todo irá a peor. Los ingresos fiscales están cayendo un 24% frente a una previsión de subida del 9%.

 

Ya no podemos andarnos por las ramas, la única medida que puede sacarnos de la crisis y hacer viable España es clara: la supresión del estado autonómico excepto en Cataluña, País Vasco y Navarra. Estas regiones tendrían una autonomía económica similar a un Länder alemán o un Estado norteamericano. El ahorro sería del orden del 16% del PIB y España funcionaría mucho mejor, pero sobre todo sería viable, porque hoy ya no lo es.

 

Y eso es sólo el coste directo; ¿cuánto cuesta un mercado roto en 17 taifas?, ¿cuánto la corrupción masiva?, ¿cuánto el no respetar la Ley ni las garantías jurídicas?

 

Ahora bien, la casta política parasitaria jamás lo aceptará, el sistema autonómico es la clave de su poder y del reparto de pesebres a su gente. Pero, ¿para qué narices necesita Madrid una autonomía?; o Murcia, o Castilla la Mancha, o Andalucía… Recortan sanidad, educación, servicios básicos, todo menos los pesebres. CiU no pagará a las farmacias, bajará sueldos a médicos, suspenderá consultas, pero no recorta un euro en embajadas, en la ruina de TV-3, en los sueldos de los 90.000 enchufados de las empresas públicas o a familiares como la señora Montilla, que sigue con 12 sueldos. No tienen vergüenza.

 

La alternativa es la propuesta de Jürgen Stack el economista jefe dimisionario del BCE: si los gobiernos no pueden o no quieren controlar el gasto, y señala a España entre ellos, deben sustituirse por gestoras que supervisen las finanzas e implementen los recortes. Y, si no, salir del euro.

Las partes: voy a explicar las principales partes a desmontar, pero ya no hay tiempo para ello. Esto es como el nudo gordiano, era imposible desatarlo nudo a nudo, hay que cortarlo de un tajo o arruinarse en el camino.

 

Duplicidades: representan 34.000 millones de despilfarro puro y duro. No podemos reducirlas poco a poco, tienen que cortarse en seis meses: 600.000 empleados públicos a la calle. El coste salarial de los empleados públicos es un 16% del PIB, y eso es insostenible. Además los salarios medios de los funcionarios superan los 40.000 euros, un 35% más que los del sector privado. Si alguien piensa que hay que pagar a la gente por no hacer nada, que lo pague él.

 

Empresas públicas autonómicas y municipales: creadas exclusivamente para colocar parientes, amigos y correligionarios, todos han entrado a dedo sin control alguno. No dan cuenta a nadie de nada, ni siquiera a los Parlamentos autonómicos. Salario medio 46.000 euros, entre el 15 y 20 por ciento más que los funcionarios. Hay que cerrar el 90 por ciento y el resto contratarlo con terceros, que cuesta la mitad.

 

555.000 enchufados a la calle.

La administración del Estado tiene 541.000 funcionarios y ha transferido 821.000, total 1.362.000, ¿de dónde han salido los más de dos millones más incluyendo asesores y similares? El 80% a dedo. Sobran del orden de 1,6 millones de empleados digitales, los mejor pagados, con un coste del orden del 9 % del PIB. España no puede permitirse este despilfarro, este nepotismo y esta injusticia.

 

Cupo vasco-navarro

Se trata de un privilegio arcaico pensado para una sociedad rural y que supone que el País Vasco y Navarra recaudan sus impuestos como no fuera un país soberano, pero mucho mejor. Como venden el 80 por ciento de su producción en el resto de España, la mayoría de impuestos así generados, IVA y Sociedades, se los quedan las Diputaciones forales.

De esa cantidad ingresan en el Tesoro una miseria, menos de 1.000 millones de euros, cuando deberían ingresar 10.000 si estuvieran en el régimen común. Es un privilegio inaceptable que tiene que desaparecer. Más aún, si cabe, desde que Zapatero y Rubalcaba entregasen la recaudación de Guipúzcoa a una banda de asesinos.

 

Además, entre tres meses y un año. Ayuntamientos: reducidos a la mitad y su personal a la tercera parte: ahorro 36.000 millones. Diputaciones, Cabildos y Senado: supresión. Ahorro de 4.000 millones. Coches oficiales para políticos: 20.000, el triple que en EEUU. Reducción del 95%. Teléfonos móviles: 300.000, con un costo de 1.500 millones de euros año. Reducción del 95 %. Televisiones autonómicas: 13, con un coste de 1.900 millones año. Deben privatizarse o cerrarse. Embajadas: 175, con un coste de más de 1.000 millones. Supresión. Subvenciones a sindicatos, CEOE, partidos y titiriteros. 3.000 millones. A cero. Oficinas de lujo, viajes de cine, estudios inútiles… el ahorro son miles de millones. Liberados sindicales: cuestan 1.500 millones. Que no quede ninguno. Absentismo laboral, 20%, frente a un 3% en Alemania. Debe perseguirse y acabar con él.

 

Y luego todo lo demás. Desde la reforma de la enseñanza a la de la Justicia, la sanidad, el mercado de trabajo y el sector energético. Y esto no se arregla con memeces como “España es un gran país y saldremos de la crisis”. No saldremos, y ya no somos un gran país, solo un rebaño de borregos que hemos permitido que la dictadura partitocrática vampirice la nación, destruya las raíces del sistema productivo y destruya el futuro de nuestros hijos. Han destruido la enseñanza pública, la sanidad, la industria y las pensiones y arruinado España para varias generaciones.

 

El Gobierno que salga del 20-N debe actuar con total contundencia, pero no lo hará. Recortes del 10 o el 20% son una broma, mantendrán el déficit y profundizaran nuestra ruina. Sólo el hundimiento obligará al cambio; por ello, la conclusión es clara: cuanto peor, mejor, antes nos intervendrán y antes empezará nuestra recuperación. En esta hora decisiva, España no tiene líderes capaces ni con el coraje necesario para sacarnos de la crisis, sólo mediocres o traidores.