Los monjes

     La historia de Oya permanece fuertemente unida a su Monasterio y a las  órdenes religiosas que por Oya pasaron: la benedictina y la bernarda  o cisterciense.

     Para mejor estudiar a dichas órdenes religiosas, lo mejor es seguir los pasos de cómo llegaron, donde se establecieron, y quienes les concedieron el poder omnímodo qué llegaron a ejercer en Oya y el resto del territorio de su jurisdicción.

     El establecimiento en estas tierras del suroeste de Galicia de las órdenes religiosas que vienen a cristianizar a sus gentes, comienza con la llegada de los miembros de la Orden Benedictina el año 806. En esa fecha el Obispo de Tuy encomienda a cuatro monjes de esa Orden, recién llegados de Italia, iniciar su labor pastoral de cristianización con los habitantes del monte San Colmado de Gondomar.

     Dicha labor misionera pronto debió dar sus frutos pues de inmediato iniciaron la construcción de una iglesia en honor del fundador de su Orden, así como de San Cosme y San Damián, de la que se conservan todavía restos.

     Cien años después de asentarse estos monjes en dicho valle, como abejas que abandonan la colmena para crear otra nueva, una docena de estos religiosos dirigidos por el Padre Ibod abandonan este lugar y cruzando los montes de la Groba descienden a otro valle, el del río Carballas.

     El obispo de Tuy esta vez les ha concedido la propiedad de Lourenza y todo el territorio anexo, que comprende todo el valle alto del río. Su llegada a Lourenza o Loureza tiene lugar a mediados del año 906.

     Tan pronto llegaron a Loureza comenzaron las obras para la construcción de una capilla con una pequeña residencia anexa a lo que se conoció como Monasterio o Mosteiro de Lourenza, dedicado a San Cosme y San Damián. Se hallaba ubicado en el altozano que existe a la derecha de la actual iglesia, según se va por la carretera hacia Burgueira. Era de construcción rudimentaria y tenía unas dimensiones de 80 x 40 metros .

     Considerando el Padre Ibod que ha cumplido su labor fundacional en Loureza, abandona este lugar con seis monjes más y se asienta en la cumbre del Castro de la Portela en el año 948, desde donde podían divisar el mar y un hoyo, el que más tarde sería también su destino futuro: Hoya u Oya.

     Continúan desde La Portela su labor misionera, al mismo tiempo que inician la construcción de la capilla de San Sebastián. Dicha capilla todavía se conserva reconstruida en otro lugar de Oya. En su entrada figura una inscripción latina cuya traducción es "FUE TRASLADADA DEL MONTE DE SAN SEBASTIAN EL AÑO DE 1170".

     Al parecer en el Castro construyeron una especie de torre o castillo de cierta altura que les permitía divisar no sólo los peligros venidos del mar sino también de La Guardia y Bayona.

     A la muerte del abad Ibo y su entierro en Loureza, eligen como sucesor al padre Umbago, portugués de nacimiento y al parecer distinguido por sus conocimientos astronómicos.

     A principios del siglo XI, una vez asentados en Oya los benedictinos inician la construcción de un monasterio en lo que hoy se llama "bosque de los frailes", entre la Chavella y la Riña. En realidad no se trataba de un monasterio sino más bien de un caserón de poca monta y de dimensiones parecidas al de Loureza. De él se conserva la fuente del Birlo.

     Por otra parte al parecer los benedictinos también construyeron una pequeña capilla a la orilla del mar donde actualmente se encuentran las ruinas del monasterio cisterciense.

     Años más tarde siendo rey de Castilla y León Alfonso VII, nacido en Caldas de Reyes, hizo ciertas donaciones a la Orden de los Bernardos en honor de San Bernardo ingresado en la orden cisterciense en el año 1112. E esta donaciones figuraban los territorios de Oya.

     Los bernardos llegaron a Oya y fueron recibidos  por los monjes benedictinos que ya vivían en un pequeño cenobio en lo que se ha llamado "Bosque de los Frailes".

     Tan pronto llegaron a Oya los bernardos, tal como era obligado fueron recogidos por los benedictinos en su residencia, pero no tardaron mucho en ponerse manos a la obra e iniciar la construcción de un pequeño convento en las orillas del río Lavandeira.

     Era el año 1137 cuando se iniciaron las obras de esa pequeña construcción inicial en el solar de lo que después sería el Monasterio Cisterciense que hoy está en ruinas. Tenía dos capillas dedicadas una a la Virgen y otra al Ángel Custodia todavía conservadas.

     Las donaciones realizadas por el rey Alfonso VII y sus sucesores a esta Orden Bernarda, son de tal magnitud que les hace unos señores feudales. Por ello es necesario reseñarlas:

  • Alfonsonso VII: DONO -A- ESTE - MONASTERIO - LAS - IGLESIAS - DE - MOVGAS - PEDORNES - BVRGUEIRA -LOVREZA - Y - ROSAL - POR - ENTERO - Y - LA - MITAD DE LAS IGLESIAS DE ERIZANA (Bayona) - BAREDO - Y - LA GUARDIA (Facta carta in Tude, Kalendas Julü, era 1175).
  • Alfonso VII, junto con sus hijos Sancho y Fernando: VILLAS DE SUSO - PEDORNES - LA GUARDIA - ERIZANA - PANJÓN - ROSAL (Facta carta in Tude, IX Kalendas Maü, era 1187).
  • Fernando II: COTO DE MALVES DE JUSAOS (Facta carta in Tude, XII Kalendas, Junü, era 1197). Los pueblos de Villapouca, Gomariz, Randufe y el casal de Taborda.
  • Alfonso IX dona al monasterio "REALENCUM DE SAA con todo cuanto les pertenece y los barcos fondeados en dicho puerto". El 16 de enero de 1251, "liberta de todo foro y portazgo las cosas que se traigan al monasterio, tales como vinos, pan, sal, legumbres y demás vituallas". La isla de San Martín en las Cíes; las dos partes del realengo que tenía en Santa María de Tebra, la cuarta parte de la iglesia de Santa Eulalia de Camos. (Pontem Veterem , XIII Junü, era 1266.
  • Fernando III el Santo, por carta dada en Salvatierra el día 23 de Febrero de 1269, concede al monasterio cuatro concesiones o privilegios: 
  • -   El coto y jurisdicción sobre la villa de Panjón.
-   Que ni caballero, ni escudero entre en los cotos de Oya, sino para perseguir a algún ladrón o por adelantar camino.
-   Que los moradores de la costa de Oya a nadie sino al monasterio hagan fuero. 
  • -   Que ninguno tenga vasallo en las costas de Oya sin permiso del Abad.  
  • Alfonso X confirmó el privilegio de poner jueces el monasterio en sus cotos.
  • Sancho IV concede tenga en su coto de Oya veinticuatro pescadores y libera al monasterio de pagar portazgo ni aduana de lo que trajera del reino de Portugal.