Los foros

     Todavía hoy, pasados muchos años desde la redención de los foros, conservan en la mente los habitantes del Bajo Miño el recuerdo de las penurias que tuvieron que pasar sus antepasados, para hacer frente a los cánones establecidos por los monjes del Monasterio de Oya por el hecho de cultivar la tierra o disponer de ganado.

     Tal era el poder del Abad del Monasterio de Oya con jurisdicción temporal y espiritual sobre los súbditos que vivían en Oya, La Guardia, El Rosal, Tomiño Bayona y Nigrán.

     Fue a mediados del siglo XIV el momento en que los monjes, con la autorización real, establecen una contribución especial sobre las tierras y ganados, conocida con el nombre de foro, que se debe repartir entre los vecinos de Oya, El Rosal y La Guardia, para el mantenimiento de la Comunidad que vive en el Monasterio.

     Para dar idea del abuso que se comete con los vecinos de los territorios bajo su jurisdicción, así como de las penurias que tuvieron que pasar aquellos oprimidos súbditos, para mantener en la opulencia a un clero convertido en nobleza, baste citar las rentas forales fijadas para tan sólo dos parroquias, las de Pedornes y Mougás:

  • 388 ferrados de trigo.
  • 160 ferrados de cebada.
  • 1706 ferrados de centeno.
  • 2150 ferrados de maíz.
  • 62 libras y media de cera.
  • 75 cuartillos de manteca de cerdo.
  • 51 y medio carneros.
  • 22 cabritos.
  • 175 gallinas.
  • 9 pollos.
  • 2 cerdos.
  • 22 azumbres de vino.
  • 10 carros de paja.
  • 1070 pesetas y trece céntimos en efectivo.

     Es por ello que no es de extrañar la alegría con la que recibió el pueblo los decretos de desamortización aprobados en la primera mitad del siglo XIX, en especial los de Mendizábal y Espartero, mediante los cuales se expropiaban, o mejor se expoliaban, ya que no se fijaba indemnización, todos los bienes de la órdenes religiosas e incluso algunos del clero regular, debido al mal uso y abuso que habían realizado en el ejercicio de sus funciones, al margen de su labor espiritual. Si bien es verdad que con el conocimeinto y consentimiento de los reyes.

     En cumplimiento de uno de estos decretos, los monjes abandonan definitivamente el Monasterio de Oya el 28 de Noviembre de 1835, saliendo sus bienes a subasta por el mejor postor.

     No obstante las cosas no se arreglan tan sólo con un decreto, por muy bien intencionado que éste sea, y así pronto aparecen unas juntas encargadas de poner a subasta los bienes expoliados que hacen grandes lotes de tierras y bienes, a sabiendas de que los vecinos no podrán hacerse con la propiedad de los mismos. Y así de nuevo vuelven a aparecer los grandes caciques cercanos al poder, que se hacen a muy bajo precio con grandes propiedades y que siguen manteniendo los mencionados foros.

     De esta manera, habrá que esperar hasta el año 1926, fecha en que una ley declara extinguidos los foros y de esta manera el pueblo se ve liberado del pago de los foros.