El Monasterio de Oya


     El Monasterio de Santa María de Oya, cuyas obras de construcción se iniciaron el año 1132 por los Bernardos cistercienses, bajo el reinado de Alfonso VII de Castilla, es una obra arquitectónica de gran envergadura situada en la misma orilla del mar, de tal manera que sus olas baten en invierno contra los muros sobre los que se eleva el solar.

     Visto desde la orilla del Océano más bien parece una fortaleza militar y como tal a veces así ha actuado, ya que ha tenido que soportar tanto incursiones de los portugueses como de los piratas ingleses.

     En 1198 se iniciaron las obras de reedificación del monasterio para darle la configuración que hoy tiene. Para ello destruyeron buena parte del anterior edificio y sobre él construyeron el renovado monasterio, siguiendo los planos recibidos del monasterio de Osera.

     De las obras se encargó el arquitecto-cantero Joan Enríque de Cuinha de origen portugués, quien mandó venir de ese país a muchos de los canteros que participaron en la construcción.

     El hecho de que fueran portugueses sus constructores no es de extrañar, ya que la jurisdicción de estos monjes también se ejercía en territorios de Oporto y Braga.

     El coro, soportado por una bonita bóveda en forma de estrella y la sacristía fueron construidos en el siglo XVI. La fachada de la iglesia del Monasterio tiene una inscripción indicando que fue reconstruida en el año 1740 y mantiene una imagen dedicada a la Virgen del Mar.

     En 1838, tras la desamortización, la Iglesia del Monasterio se transformó en Iglesia Parroquial, desgajándose en dos partes la parroquia de Pedornes.

     Dicha iglesia tiene una planta en forma de cruz latina orientada, como la mayoría de las iglesias cristianas, con el altar mayor viendo hacia el Este. Consta de una nave principal de 80 metros y dos laterales de 30 metros de largo cada una, siendo la central de 12 metros de ancho y las laterales de 10.

     Las bóvedas se hallan a una altura de 20 metros y están soportadas por 10 arcos en forma de ojiva, además de por un arco toral de nueve metros de ancho por 14 de alto.

     Contra los portugueses e ingleses se tuvieron que utilizar arcabuces y algunas piezas de artillería que disponían en el Monasterio, de tal manera que el Capitán General del Reino de Galicia ordenó, en el año 1621, que los vigilantes de la costa residiesen en Oya y protegiesen el Monasterio. 

Incluso se dice que a raíz de repeler a los turcos en 1624 tuvieron nuevos privilegios concedidos por el Rey Felipe IV.

     En 1835, con la desamortización de Mendizábal, los monjes se vieron obligados a abandonar el Monasterio pasando a propiedad privada.

     En 1912 se establecieron en el Monasterio los jesuitas, al ser expulsados de Portugal. Al llegar el Gobierno de la República nacionalizó los bienes de los Jesuitas y por ello otra vez la Compañía de Jesús se vio obligada a abandonar Oya.

     El Monasterio fue declarado Monumento Histórico Atístico por el Gobierno de la Segunda República en 1931.

     Poco después estalló la Guerra Civil de 1936, y el gobierno de Franco utilizó este monasterio como cárcel para presos políticos del bando republicano procedentes de Cataluña.

     Actualmente el monasterio está en espera de ser reconstruido. En cuanto a la Iglesia se ha transformado en la iglesia parroquial de Santa María la Real. La puerta por la que accedían los frailes permanece tapiada.