En el pasado


    Desde tiempo inmemorial los habitantes del Rosal se dedicaron a la agricultura, la ganadería, la selvicultura y la pesquería como fuentes de supervivencia. Sus principales productos comercializados fueron el maíz y el vino, la carne y la leche, el pino y el eucalipto, el percebe, el sábalo y la lamprea.
    Sin embargo, dada su situación litoral, su clima, la riqueza del subsuelo y la vocación emprendedora de sus gentes hizo que ejercieran además cualquier otro trabajo, profesión u oficio que tuvieran oportunidad, bien aquí o en cualquier parte del mundo.
    Los hombres y mujeres del Rosal han extraído del subsuelo oro y estaño desde tiempos de los romanos. En el monte de Seoane se conservan todavía los pozos y zanjas donde se extraía el preciado tesoro, vueltos a explotar a finales del siglo XX y abandonados por su baja rentabilidad; han tenido sus placeres en las orillas del río Carballas obteniendo pequeñas pepitas de oro o arenillas con sus palanganas; han extraído en el Lousado la andalucita, sesquióxido de aluminio, mineral utilizada para fabricar el baño dado a las lozas y losetas de calidad.

     La andalucita se extraía siguiendo filones de cuarzo en superficie y bajo ella, así como en forma de cantos rodados en terrenos sedimentarios, trabajos en los que este redactor participó durante algún tiempo. Esta roca presentaba a menudo incrustaciones de cristales de corindón azul, es decir zafiros, capaces de ser utilizados para cortar el cristal en sustitución del diamante y según su calidad también como joya.
     Han repoblado los montes con sus azadas y picochas, trabajo que también ejercí con un sueldo diario de 29 pesetas por 10 horas de trabajo, es decir 0,17 €/día. La mujeres cobraban menos. (Trabajo que a veces se hizo por prestación personal obligatoria, es decir gratis, como en el caso de la repoblación del monte Terroso.

     Han extraído del mar los argazos o algas para abonar los campos; han ordeñado las vacas para vender su leche a las queserías y disponer de dinero en metálico; han extraído del mar los hoy tan cotizados percebes; han extraído del Miño los ya casi extinguidos sábalos o "sables", así como angulas, sollas y lampreas.
     Han sido canteros, tejeros, carreteros, herreros, barberos, carpinteros, albañiles, zapateros, zoqueiros (zamanqueiros) y tantas otras profesiones hoy desaparecidas.

     Las pocas industrias existentes en el pasado han sido serrerías, queserías, conservas vegetales y si se quiere pesquerías.
     Fueron aquellas mujeres, la mayoría ya jubiladas o fallecidas, las que han tenido la responsabilidad principal en el cuidado del hogar, en el trabajo en las citadas industrias, en la agricultura, en la ganadería, en la fabricación de queso o venta de la leche, en la obtención de la leña para cocinar o incluso en la repoblación forestal, porque los hombres habían emigrado, tenían un oficio, participaban en la guerra o eran temporeros.

     Fueron sobre sobre todo los hombres los que emigraron primero a la Argentina, Brasil y Puerto Rico y después a Sevilla o Venezuela, donde todos tenemos familiares, hijos de personas que la suerte no les sonrió, como yo pude comprobar en Argentina y Brasil y que nunca pudieron regresar. 

     La emigración cambió de rumbo a partir de los años 60, como consecuencia del llamado "Milagro Alemán", adonde dirigieron su mirada familias enteras, al igual que años más tarde lo hicieron a Francia y Suiza.

     Como prueba de la emigración y de los emigrantes con éxito nos quedaron las bellas casas de estilo colonial construidas por los regresados de América y otras más numerosas, muy espaciosas y quizá menos hermosas, que hicieron y todavía siguen haciendo los pocos emigrantes que quedan en Europa.
     A partir de la década de los años 70, una vez realizada la concentración parcelaria y creado el Servicio de Extensión Agraria surgen nuevas cooperativas comercializadoras de los productos agrícolas. Ello influye muy positivamente en el desarrollo agrícola de la Comarca.
     A todo lo anterior se sumó la generalización del uso de abonos minerales, pesticidas, plásticos, nuevas semillas. Se plantaron manzanos de variedades no autóctonas cultivados en espaldera, vides de albariño también en espaldera y se instalaron invernaderos destinados al cultivo de flores y demás productos de la huerta. Todo ello hizo cambiar el paisaje del valle.
     El milagro del desarrollo agrario del Rosal en el último tercio del siglo pasado pertenece casi en exclusiva al trabajo de las mujeres y no habría sido posible sin ellas, pues en contados casos los hombres dejaron de ejercer sus oficios o profesiones, limitándose como máximo a colaborar en las labores agrícolas.
     Por ello cuándo hoy se habla de fomentar la incorporación de la mujer al trabajo, sólo se entiende si ello significa al trabajo remunerado, pues de lo contrario este término no es aplicable a las mujeres del Rosal, ya que nunca hubo tantas mujeres dedicadas exclusivamente al trabajo del hogar como hoy.